Desayunador del Padre Chava continúa su labor pese a la contingencia

El Coronavirus y sus efectos colaterales

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Ha transcurrido la primer etapa de esta jornada sanitaria aplicada en todo el país, el colapso económico que esto ha traído, no solo afecta a las grandes industrias y comercios con sus pérdidas. Las familias que normalmente se sostienen de un ingreso autónomo se están viendo en un escenario más complicado pues no dependen de alguna institución que les apoye.

Existen algunos espacios dispersos por la ciudad que se encargan de apoyar con alimento a la comunidad vulnerable, sin embargo, estos tiempos no han sido nada fáciles de llevar pues la donación como primer recurso de sobrevivencia se está viendo limitada.

Uno de los lugares más “populares” por así llamarlo, gracias a la ayuda alimentaria que brindan a la comunidad, es el Desayunador Salesiano “Padre Chava”, donde día a día se entrega alimento a cientos de personas que debido a diversas circunstancias, se les dificulta acceder a una porción de comida.

Por eso acudí al lugar, tenía la curiosidad de conocer cómo les está “pegando” la cuarentena y cuales son las nuevas dificultades a las que se están enfrentando. El panorama no es muy alentador.

Desde al menos una cuadra alrededor se pueden ver a personas deambulando, algunos vienen y otros tantos van acerándose a una fila de acceso que a lo lejos parece desordenada, sin embargo, conforme avanza empieza a tomar orden. Al interior del lugar está un grupo de voluntarios sirviendo y entregando los platillos, entre ellos la misma coordinadora del espacio, Claudia Portella quien pausó su actividad a fin brindarme un par de minutos y relatar cómo se ha vivido la evolución de la pandemia y su efecto sobre uno de los sectores menos atendidos de la ciudad.

Este comedor comunitario, ubicado en la zona centro de la ciudad, se encarga de brindar hasta más de 1800 platos de comida diaria a las personas que se acercan.

Anteriormente era común ubicarlos como una fuente de auxilio a personas sin hogar o migrantes, lo cierto es que el grupo de vulnerabilidad se ha venido ampliando ya que a él acuden personas que no viven en la calle pero debido a la situación no tienen para comer, así como adultos mayores y personas con discapacidad además de los primeros grupos ya mencionados.

Con el avance de las semanas dentro de esta contingencia, cada vez son más las familias que acuden (incluso con bebés), para esto casos en particular, se ha dado la opción de que en lugar de llevar alimento preparado, se les entregue una pequeña despensa con la que puedan sobrellevar la situación y así no expongan a todos sus integrantes ante algún riesgo.

La salud no deja de ser tema de importancia

La situación apenas permite que los voluntarios y servidores cuenten con su respectivo cubrebocas y guantes mientras coordinan el acceso al lugar para que los solicitantes, hombres en su mayoría, entren por turnos, sigan las instrucciones indicadas y pocos metros antes del filtro de entrada, tomen la distancia adecuada para lavarse las manos debidamente aunque saliendo de ahí regresarán al acercamiento habitual, pocos de ellos utilizan algún artículo a  manera de protección.

A las afueras del también albergue se ha montado una carpa que ofrece servicio médico por parte de dos doctores voluntarios (vale la pena recalcar esa parte), ellos revisan a quienes acudan con algún síntoma que posiblemente esté relacionado con el Covid-19 y en caso de ser necesario son orientados a las autoridades de salud competentes.

Mientras conversábamos a un costado del módulo de salud, la señora Portella me contó que recientemente recibieron la donación de un termómetro infrarrojo y esto les estaba facilitando el trabajo a los médicos: “Hay personas que vienen con temperatura (fiebre) cuando hemos detectado algún sospechoso, lo que hacemos es llamar a emergencias. Tristemente a algunos no los hemos vuelto a ver, no sabemos realmente qué ha sucediendo con ellos.”

Empieza a decaer la población

“Hay gente que no era situación de calle y vive ahora en la calle, estamos en la sexta semana y ya hay personas que desde la segunda o tercera los descansaron de sus trabajos y ya están viviendo en albergues o por otra parte están los migrantes extranjeros que por alguna razón no regularizaron su situación a tiempo y empiezan quedarse en la calle. Por ejemplo, viene una familia que cada vez están más deteriorados visualmente, un papá y mamá con niños, empieza a decaer la situación y eso es lamentable” Comenta la encargada mientras observamos alrededor a cientos de personas, mientras unos hacen fila, los que ya recibieron su alimento, en su mayoría cruzan a la banqueta de enfrente y se sientan a desayunar.

Por razones sanitarias, el albergue que también se encuentra en estas instalaciones está cerrado, quienes lo habitan, de momento no abandonan el edificio, solo algunos voluntarios y los encargados entran y salen para mantener un perímetro libre de contagio.

Señala que no es fácil en tener que negar un espacio a quienes lo necesitan; “Todos los días viene alguien a pedir si lo podemos recibir porque no quiere terminar en la calle y no sabemos a dónde dirigirlo porque no está eso bien estipulado aun. Sabemos que si son retornados, pueden acudir al Centro Integrador para el Migrante, pero ¿qué pasa con el mexicano o extranjero que tiene ya un tiempo aquí y la está empezando a pasar mal, si uno la está pasando mal, qué les espera a estas personas que viven al día?”

Déjame vivir un día a la vez y ahorita veo

Tijuana sigue siendo una de las ciudades que presenta un mayor índice de contagios de coronavirus a nivel nacional, esto hace que los indicadores sigan apuntando a que las actividades empiecen a regresar a la normalidad a partir del 30 de mayo sino es que después.

A aproximadamente un mes de que este periodo concluya (si es que todo se logra controlar) el panorama no es muy alentador para el equipo de trabajo “Estamos como los grupos de autoayuda “un día a la vez” déjame vivir un día a la vez y ahorita veo, en la tarde es cuando revisamos, que tenemos, que no tenemos, que podemos hacer el día de mañana, así vamos viendo”

Las complicaciones para este como otros lugares son varias, por un lado el sustento fuerte provenía de las donaciones que gente de Estados Unidos les hacía y por el momento están detenidas, junto con esto, los insumos y servicios siguen facturando, agua, luz, gas, etc.

La presencia de las autoridades

El Gobierno del Estado es hasta ahora, la institución que más se jacta de estar apoyando a la ciudadanía en estos tiempos difíciles, sin embargo no se sabe que tenga algún acercamiento con organizaciones de este tipo. Por su parte, Jurisdicción Sanitaria es la institución que se ha encargado de la revisión de las medidas de sanidad dentro del albergue y el DIF municipal ha hecho donaciones (no constantes) de verdura.

Más allá de eso, es sido el poder de la ciudadanía quien ha apoyado a que este tipo de lugares, mantengan su ayuda la el sector más olvidado e ignorado de la ciudad.

De momento están abiertos a todo tipo de donaciones, las personas interesadas en aportar algo, pueden ponerse en contacto vía redes sociales o bien, acudir personalmente a las instalaciones.

Concluyendo la plática la señora Portella pidió emitir el siguiente mensaje: “Sean sensibles a la realidad, quédense en casa, cuídense, pero no se olviden de que hay otras personas que son menos favorecidos que nosotros, sin juzgar pero tendiendo manos, porque como sociedad nos tenemos que unir mucho para salir delante de esta situación, y que todos salgamos, una vida que se pierda, de un conocido o un desconocido nos tendría que doler”.

Estamos en la sexta semana de un confinamiento del que restan al menos cuatro o cinco más. Los grupos vulnerables se están ampliando y de momento nadie los voltea a ver. En medio de una sociedad que no le toma la debida importancia a un virus que se está llevando muchas vidas y un gobierno al que le urge reactivar la economía, siguen “flotando” estas personas sin alimento, sin hogar, sin acceso a la salud y sin un lugar en el panorama.

 

 

 

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