Pink Tax: Destrabando el trabalenguas

Tu tax coach, Rebeca Munguía, contribuyendo a cambiar tu mindset tributario

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¿Habías oído hablar del impuesto que no es un impuesto, pero que te hace pagar más impuestos? Sí, sé que suena a trabalenguas o a algo difícil de creer, pero eso existe y se llama Pink Tax o “Impuesto Rosa”. Antes de que descartes esta columna porque la radio, televisión y demás medios vienen cargados de problemáticas femeninas durante el mes de marzo, déjame decirte que aunque suena femenino, su costo económico repercute también en los hombres.

El Pink Tax o “Impuesto Rosa” no es en realidad un impuesto sino el nombre con el que se denomina al sobreprecio que se paga por la adquisición de bienes o servicios que pueden ser usados por hombres, pero que se comercializan especialmente para mujeres. Es una práctica comercial, tolerada por las autoridades, que tiene repercusión económica en aquellas personas que adquieren esos bienes y/o servicios. Las mujeres son las principales afectadas, por supuesto, pero también afecta a los hombres que se hacen cargo de los gastos de mujeres, por ejemplo, a los hombres que tienen hijas.

Este sobreprecio se investigó en Estados Unidos, durante la década de los noventa. Se dio seguimiento a un total de ochocientos productos que eran usados por hombres y por mujeres y para que los resultados fuesen más acertados, se trató de que esos productos abarcaran distintas edades o etapas de la vida humana. El estudio reveló, por ejemplo, que la ropa infantil de niña era cuatro por ciento más cara que la de niño; los juguetes y accesorios de niña eran siete por ciento más caros que los de niño.

En productos para el cuidado de adultos mayores y para el hogar, el sobreprecio fue de ocho por ciento, igual que la ropa femenina de adulto. Pero el rubro más desigual fue el de productos de higiene y cuidado personal, en los que los precios de los comercializados para mujer fueron quince por ciento más altos que los comercializados para hombre. Además, se concluyó que 42% de esos ochocientos productos eran más caros cuando estaba destinados al consumo femenino.

Como parte de la investigación, los porcentajes diferenciales se convirtieron en cantidades líquidas y es ahí en donde se puede apreciar claramente que este sobreprecio te hace pagar más impuesto. Se determinó que si durante un año se adquieren productos comercializados especialmente para mujeres, en lugar de adquirir productos para hombre, el sobreprecio acumulado era de $1,351 dólares (aproximadamente $28,800 pesos)… ¡Imagínate!, ¡Un mes de sueldo! Y de un sueldo nada despreciable, considerando que en 2020 el sueldo mensual promedio de un padre de familia con tres hijos era de $10,230 pesos.

Ahora, calculemos el IVA que corresponde a ese sobreprecio. Si tomamos como base la tasa de IVA más alta en México (16%), durante un año de adquisición de esos productos sumaría $186.16 dólares (aproximadamente $3,972 pesos). Si ahora mismo buscas en Amazon, verás que con esa cantidad te puedes comprar un smart phone, un proyector de películas, una cámara digital, una silla gamer, un purificador de aire o un telescopio súper profesional y en la mayoría de estas compras todavía te sobrarían más o menos trescientos pesos.

Hasta la fecha, desodorantes, perfumes, rastrillos, pañales, tintes para el cabello, servicio de tintorería o lavado de ropa en seco, reparación de coches y seguro contra accidentes automovilísticos, entre muchos otros, siguen siendo productos y servicios más caros si son para mujer que si son para hombre. Te pongo un ejemplo: una caja de Ibuprofeno (medicamento contra el dolor) cuesta más o menos treinta y dos pesos (aproximadamente $1.54 dólares), pero una caja de pastillas para el dolor provocado por los cólicos femeninos cuesta setenta y nueve pesos (aproximadamente $3.80 dólares), o sea, más o menos cuarenta por ciento más cara.

Otro ejemplo: imagina que tienes dos parejas con tres descendientes cada una. Los descendientes de la pareja A consumen productos y servicios comercializados para hombres y los de la pareja B consumen productos y servicios comercializados para mujeres. Aun si consumieran la misma cantidad y tipo de productos y servicios, la pareja B gastaría mucho más. Además de ser más caro ¿no te parece que también es injusto?

Lo más relevante es que comiences por considerar que esta diferencia de precios afecta tus derechos y a tu economía, tanto personal como familiar, independientemente de que seas hombre o mujer. Aunque tenemos que reconocer que en el caso de las mujeres que se hagan cargo de sus propios gastos y/o de los de otras mujeres el daño es mayor, porque se sabe que en la gran mayoría de los casos, los ingresos que las mujeres obtienen por la realización de un trabajo igual al de los hombres todavía es bastante menor (aproximadamente veintisiete por ciento menos).

Decía mi tía Bety que no hay que preocuparse sino ocuparse y lo más probable es que tú, como yo, no puedas ocuparte de las políticas públicas de producción y comercialización de bienes y servicios. Pero sí puedes ocuparte de planificar y controlar tu gasto personal-familiar. Por tanto, puedes realizar diversas acciones que te ahorren ese sobreprecio y su correspondiente IVA. Por ejemplo:

1.- Elige compañías que no consideren el Pink Tax dentro de sus políticas de precios. Puedes hacerlo comparando los productos de una misma marca destinados a las mujeres con los destinados a los hombres.

2.- Dale la oportunidad a productos que no has probado antes, cuyo precio pudiese ser más competitivo; quizá descubras que te has estado perdiendo de algo maravilloso.

3.- Elige la versión masculina de algún producto, por ejemplo, compra un rastrillo o una bicicleta gris, azul, negra, amarilla, verde… ¿realmente necesitas que sea rosa?

4.- Evalúa la necesidad de comprar ciertos productos, como el caso que te presenté en la comparación del ibuprofeno y la medicación femenina para el dolor.

5.- Compara precios. Quizá un desodorante sin aroma cueste menos que uno floral, aun siendo ambos para mujer. O quizá hay varios fabricantes y el producto “femenino” de uno de ellos es más accesible que el de los demás.

6.- Dale rienda suelta a tu creatividad; podrías combinar el uso de un productos masculinos en sustitución de algunos femeninos cuyo precio sea francamente inconveniente.

Seguramente puede haber muchas otras opciones, aquí te propuse solo unas cuantas. Recuerda que lo primero es que consideres que esto realmente afecta tu bolsillo y que muchos de los productos especialmente comercializados para mujeres, en muchas ocasiones son innecesarios.

¡Hasta pronto!

Tu tax coach, Rebeca Munguía, contribuyendo a cambiar tu mindset tributario

Acerca de la autora
Rebeca Munguía

Rebeca Munguía es Licenciada en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, Maestra en Derecho Fiscal por la Unidad de Posgrado de la facultad de Derecho de la UNAM y Maestra en Políticas Públicas, Gestión Pública y Tributación por la UNED (España). Se ha desempeñado como funcionaria pública, consultora, abogada litigante y como Académica e Investigadora de tiempo completo en el Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana, Campus CDMX. Actualmente tiene su propia academia de impuestos.

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