Lo tengo en la piel

Pienso, luego escribo

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Yaquis

Mi pasión es escribir, transmitir, comunicar al mundo.
Y creánme que si me preocupa transmitir algo de valor, que realmente les aporte algo a su existencia, a su vivir.

Hoy me he centrado con mayor fuerza en mi México.
Quizá antes tenía por ende el ser mexicano, ahora lo tengo por elección.

Cómo he comentado en artículos pasados,  nuestra nación está pasando por momentos difíciles desde la llegada de Donald Trump y el próximo e inevitable levantamiento del muro, como en aquellos tiempos de temible Hitler y su abominable muro de Berlín, solo que ahora con un toque de los tiempos modernos y esperamos no sea tan atroz.

Sin embargo, yo creo firmemente en un nuevo florecimiento de nuestro México, como en los tiempos ancestrales en donde surgieron grandes civilizaciones.

He de confesar que cuando cursé la escuela no fue tanto mi interés en la historia como en estos momentos, en donde deseo adentrarme en nuestra apasionante historia de México y conocer a fondo todo lo que aconteció.
Pero no la historia que nos contaron, sino lo que realmente sucedió.

En días pasados tuve la oportunidad de estar en la ciudad de México, como un regalo de Dios, porque no tienen idea cuanto lo deseaba desde hacía unos años.

Y como primer escenario elegí las pirámides de Teotihuacán, y aunque pareciera increíble nunca había estado alli físicamente, solo entre líneas a través de la historia cuando estudié la primaria.

Es un lugar increíble y milenario. Una cantidad impresionante de gente de todas las nacionalidades lo siguen visitando año con año con gran fascinación.

Rios de personas transitando la «Calzada de los muertos» en una especie de procesión para culminar con la subida de aquella enorme escalinata que lleva a la cima de la gran pirámide del Sol, que algún dia subieron los teotihuacanos para hacer su especial ofrenda al Dios del Sol

Cuando culminé mi subida a la pirámide de la Luna,  me tocó la fortuna de platicar con un paisano, un chavo que tenía más de 14 años viviendo en el extranjero, y platicamos un buen rato de México, de cómo en otros países no tienen la cultura que tenemos nosotros, y el hecho de sentirse orgulloso de ser mexicano,  pese a todas las contrariedades que actualmente ocurren.

Fue muy padre coincidir en tantos puntos de nuestra identidad como mexicanos.

Después pude visitar el museo nacional de Antropología, una verdadera joya nacional.
Me vino una sensación especial e inexplicable al estar frente al pabellón de la civilización Mexica, y decir…dentro de mí, en mis genes y a lo largo de la historia, yo fui en algún sentido parte de esta civilización.

El valor, el arrojo, la sabiduría en temas como la arquitectura, la astronomía, la agricultura, fueron la base de su identidad y el cimiento para construir la Gran Tenochtitlan.

Es un verdadero pasaje por la historia caminar por todos los pabellones del Museo de Antropologia.

No solo por cultura, sino por herencia.

No se si me lo pudieran creer, pero se me hizo un nudo en la garganta cuando estuve frente a la exhibición de nuestro emblema nacional, el águila posándose sobre el nopal y la pude apreciar en muy diferentes representaciones artísticas.

No se que sentí, pero si fue algo especial y que me movió muy profundo.

Algo que también llamó muchisimo mi atención fue la cultura Yaqui, será porque lo llevo en la sangre, pues mi abuelo desciende de los Yaquis de Sonora y mi mamá es muy parecida a él.

Me encontré que fue uno de los pueblos que no cedieron ante la conquista y se mantuvieron firmes.

Me encantó este escrito que encontré en el museo y se titulaba asi:

LOS YAQUIS, LOS QUE HABLAN FUERTE

Después de la gran inundación que cubrió con agua al mundo, los cuatro profetas y los angeles llevaron a los yaquis en procesión a través de las fronteras de su territorio.

Hablando fuerte y claro, los profetas dijeron que vendrían hombres que querrían apoderarse de las tierras yaquis y que habrían entonces grandes y encarnizadas luchas.

Entonces, uno de los profetas, junto con los principales de la tribu, fundo los pueblos y les dio sus nombres. El profeta anunció también que los ocho pueblos yaquis y su territorio habrían de durar por toda la eternidad, pues la herencia Yaqui es indestructible.

Y los Yaquis aún se mantienen como pueblo auténtico y unido, fiel a sus raíces y a sus creencias.

Todas las culturas que nos dieron inicio como nación, como es el caso de los Teotihuacanos que antecedieron a los mexicas, así como la cultura Maya que se estableció hacia el sureste de México y parte de Centroamérica, con aquella numeración tan avanzada, así como lenguaje y astronomía.

Con todo esto, lo que deseo transmitirles es que a imitación de los Yaquis, seamos indestructibles como nación, e inquebrantables como mexicanos.

¡Gracias queridos lectores,  de todo corazón por leerme!

Enlace: https://loreureka.blogspot.com

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