Braille hoy

Es la empatía el principio para cambiar el panorama, pues solo considerando las variables que ofrece el cambio de perspectiva, es como será posible atravesar el arduo camino por lo pronto hacia la inclusión, pasando primero por la inserción y después la integración.

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Hemos llegado a enero y con ello no debe omitirse el Día Mundial del Braille que corresponde a la fecha 4 del mes, que si bien no es algo muy popular, sería irresponsable ocultar que son millones de personas con discapacidad visual en el mundo que podrían depender de esta forma de comunicación táctil.

El Braille es un sistema de puntos con relieve que permite a mujeres y hombres ciegos el leer, escribir, estudiar, aprender e informarse, por tanto es también una herramienta imprescindible en sus vidas, sin embargo no todas pueden acceder a esta debido a la falta de programas de capacitación, acciones afirmativas, legislación deficiente, discriminación, desconocimiento y pobreza.

Si bien la gente es libre de aprenderlo, pues basta con buscar instructivos en internet, la cruda realidad, es que difícilmente podría ponerlo en práctica, pues los accesorios intrumentos de escritura son costosos, mientras que para lectura es otro el panorama, su escasez de libros, folletos o documentos con palabras táctiles.

Aunque el avance tecnológico en lo que respecta a la tiflotecnia es bastante significativo en cuanto a la inclusión de la población con esta deficiencia en uno de sus sentidos, es imposible para la mayoría de dicho segmento social, el poder adquirir equipo adecuado, como un teléfono inteligente capaz de hacer funcionar de manera correcta cualquier aplicación virtual.

La ceguera suele silenciar a quienes la viven, pues reduce de manera drástica su participación en las actividades sociales y productivas, dada la insuficiencia o inexistencia de infraestructura urbana, puestos de trabajo adaptados y transporte inaccesible, esto ante el incumplimiento de las recomendaciones o normatividad en materia de diseño universal.

Si lo material puede convertirse en un problema, la indiferencia de aquellas que pueden ver, suele acentuar la difícil complejidad de la vida, pues agudiza la soledad, la dependencia y depresión en muchas de las personas con discapacidad visual.

Es la empatía el principio para cambiar el panorama, pues solo considerando las variables que ofrece el cambio de perspectiva, es como será posible atravesar el arduo camino por lo pronto hacia la inclusión, pasando primero por la inserción y después la integración.


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