Una oposición debilitada

Columna Mar de fondo | Autor: Benedicto Ruiz Vargas, analista político

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No obstante el mal y criticable gobierno de Morena en Baja California, sobre lo que existe un caudal de información y muchas evidencias, las fuerzas de oposición se mantienen débiles y sin alternativas en esta campaña electoral para renovar la gubernatura, las alcaldías y el congreso local.

¿A qué se debe esto? ¿Cómo se explica? Hay varias razones. Primero, porque las derrotas electorales de 2018 y 2019, producto de la ola obradorista, tuvieron efectos devastadores en los partidos políticos, principalmente en el PAN, el PRI y el PRD.

Y, segundo, porque si bien el impacto más evidente fue la pérdida del poder, el efecto más letal estuvo en la afectación a la credibilidad de los partidos derrotados. Toda la propaganda de Morena y de López Obrador se ha encargado de remachar esta idea que ahonda el desprestigio de los partidos de oposición.

De ahí que, no obstante los pésimos gobiernos de Morena, su ineficiencia y su falta absoluta de democracia, los partidos opositores se enfrentan prácticamente contra un muro a la hora de competir electoralmente.

Una gran parte de los electores saben que Morena no es la mejor opción en términos de gobierno, pero tampoco están dispuestos a votar por los partidos de la oposición. Varios de estos electores votarán por Morena, no obstante sus deficiencias y sus pobres resultados, con tal de que no regresen los otros partidos.

Es decir, lo que hay no es un apoyo a Morena y su gobierno, sino un temor a que regresen los otros partidos como el PAN y el PRI. Toda la campaña electoral de Morena está concentrada en atizar un odio y un desprecio hacia esos partidos.

Este es el esquema mental que va a dominar en la próxima elección del 6 de junio en muchos votantes, a pesar de los malos candidatos de Morena. No es un asunto ideológico o de propuestas lo que está en juego, o si unos son mejores candidatos que otros, sino un imaginario colectivo que se ha impuesto a partir del gobierno de AMLO.

¿Cómo han respondido los partidos de oposición frente a esto? Haciendo las mismas cosas, básicamente. Y apostando a un electorado que se ha pulverizado y se ha alejado de la escena política, refugiándose en la apatía y el valemadrismo, como se aprecia en estas campañas.

Lo estamos viendo como ejemplo concreto en BC. La alianza formada por PAN-PRI-PRD postuló como candidata a la gubernatura a Lupita Jones, pero su campaña no cobra fuerza porque, en realidad, Lupita sólo es la “cara amable” del panismo o en todo caso su versión más avanzada y alivianada.

No obstante de no venir del ámbito político, su campaña tiene tras de sí la sombra de los pasados gobiernos panistas, particularmente el del Kiko Vega y el de su esposa quien, por cierto, acaba de regresar al gobierno seis o siete millones de pesos que se había embolsado alegremente. ¿Es posible hacer así una campaña exitosa? Claro que no.

Por el lado de Jorge Hank, que compite con las siglas del PES y entra a esta campaña en el último momento, como algo no planeado con antelación y más como producto de diferencias políticas con su partido el PRI, también se topa con este electorado que tiene miedo de regresar a lo que había antes.

Según algunas encuestas, Hank es el candidato que ha crecido más en los últimos días, mientras Marina pierde algunos puntos, lo mismo que Lupita, pero de acuerdo con estas mismas encuestas está todavía muy lejos del puntero que lidera Morena.

Lo más probable es que Hank está recibiendo algunos votantes decepcionados de Morena y de la alianza, más una corriente del voto útil que empieza a definirse en esta etapa de la campaña, pero esto no significa que pueda dar un salto en las preferencias en las próximas semanas.

Su estilo de campaña es muy deficiente. Se mueve lento, su campaña es muy tradicional y su discurso es un vericueto político. No hace compromisos, no tiene planteamientos sólidos, no convoca a las otras fuerzas para aglutinar un voto en contra del gobierno de Morena. No se sabe realmente a dónde quiere ir.

Entonces, ¿Hank es un candidato que puede vencer el miedo de algunos votantes sobre el retorno de los viejos partidos que están profundamente estigmatizados? No está muy claro, y su misma campaña no permite clarificarlo.

El mensaje es muy diáfano y debería servir para otros candidatos, como Ramos en Tijuana, que es mejor que la de Morena, pero el miedo al pasado en muchos electores está muy fresco. Ya deberían entenderlo.

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