El caso de Coahuila e Hidalgo

Columna Mar de Fondo | El autor es analista político.

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Después de la elección del domingo 18 de octubre en Coahuila e Hidalgo, en la que el PRI ganó de manera apabullante todos los distritos en el primer caso y 32 ayuntamientos, de 84, en el segundo, quedando por encima de Morena y de otros partidos, la pregunta que surgió inmediatamente es si este mismo caso podría repetirse en otras entidades para los comicios de 2021.

Es decir, ¿Morena puede perder la elección que viene en algunas entidades? ¿El PRI es un partido que está de regreso después de su profunda derrota? Son preguntas que muchos se están haciendo, pero la respuesta no es tan fácil como se cree. Tampoco es el caso de que no ha pasado nada o que es intrascendente con respecto a la magnitud de la elección del 21, como señalan otros.

Vayamos por partes. El triunfo del PRI en estos estados no significa que esté de regreso como un partido competitivo a nivel nacional y que, automáticamente, esta experiencia pueda trasladarse a otras entidades. Su triunfo obedece a factores locales, como son su arraigo histórico, el desempeño de sus gobiernos, la selección de sus candidatos, pero también, hay que decirlo claramente, a un incipiente desencanto con Morena y la presidencia en general.

La caída de los votos de Morena desde la elección de 2018 a la de ahora es impresionante en ambos estados. En Hidalgo alcanza la cifra de cerca de medio millón de votos de una elección a otra, y en Coahuila la diferencia entre el PRI y Morena es de 30 puntos porcentuales, una distancia enorme entre ambos partidos.
Esto indica que la elección del 21 puede ser vista desde varios ángulos. Si se le ve como una elección “nacional” (en la que se elegirán diputados federales), varias encuestas indican hasta este momento que Morena tiene ventaja. Sin embargo, si se incluyen las elecciones locales (como sucederá en 15 estados donde se elegirá gobernador), las cosas empiezan a ser un poco distintas.

Después de la elección del domingo pasado en Coahuila e Hidalgo, en la que el PRI ganó de manera apabullante todos los distritos en el primer caso y 32 ayuntamientos, de 84, en el segundo, quedando por encima de Morena y de otros partidos, la pregunta que surgió inmediatamente es si este mismo caso podría repetirse en otras entidades para los comicios de 2021.

Es decir, ¿Morena puede perder la elección que viene en algunas entidades? ¿El PRI es un partido que está de regreso después de su profunda derrota? Son preguntas que muchos se están haciendo, pero la respuesta no es tan fácil como se cree. Tampoco es el caso de que no ha pasado nada o que es intrascendente con respecto a la magnitud de la elección del 21, como señalan otros.

La caída de los votos de Morena desde la elección de 2018 a la de ahora es impresionante en ambos estados. En Hidalgo alcanza la cifra de cerca de medio millón de votos de una elección a otra, y en Coahuila la diferencia entre el PRI y Morena es de 30 puntos porcentuales, una distancia enorme entre ambos partidos.
Esto indica que la elección del 21 puede ser vista desde varios ángulos. Si se le ve como una elección “nacional” (en la que se elegirán diputados federales), varias encuestas indican hasta este momento que Morena tiene ventaja. Sin embargo, si se incluyen las elecciones locales (como sucederá en 15 estados donde se elegirá gobernador), las cosas empiezan a ser un poco distintas.

Dicho en otros términos, el votante ligado a López Obrador desde 2018 empieza ya despegarse de esa dinámica nacional para ponderar otros factores, más locales, más cercanos a él, una actitud en la que puede estar presente la misma lógica de la elección (que es local), pero también un desencanto con Morena y con el gobierno de AMLO.

No hay que olvidar una cosa fundamental en estos procesos: Morena nace como una fuerza impulsada por López Obrador, quien la catapulta a niveles nunca vistos a nivel nacional y en algunas entidades, pero fuera de ahí no tiene mayores sostenes, ni ha podido arraigarse como partido en algunas entidades, como es el caso de Baja California, que es el que conozco más.

Morena depende de la imagen de AMLO, como un tubo que le da oxígeno, pero por sí mismo como partido es una entelequia, una amalgama de grupos e intereses, una plataforma de lanzamiento, un partido que como tal y como gobierno navega a la deriva, sin una ruta definida, cometiendo muchos errores y albergando en su seno lo peorcito de los políticos.

A medida que AMLO deje de tener una influencia “nacional”, o que se perciba que el país está fuera de control y a la deriva, o que la crisis empiece a desbordar la precaria gobernabilidad del país, los votos por Morena van a empezar a decaer, y lo harán en algunas entidades y municipios.

Por eso la elección del 21 es relevante, porque en esta va a empezar otra historia. Y puede ser la debacle de Morena, o bien su consolidación como partido político, que se ve muy complejo porque tiene muchos clanes y tribus que ya se están enfrentando a medida que avanza el sexenio y no hay resultados.

Producto de su extravío como partido, ya están brotando por todos lados esbozos de organización, llamamientos a votar y a participar, aunque muchos sean proyectos sin forma y vengan de la derecha. Lo que importa es medir el ánimo colectivo, y éste ánimo  favorece cada vez menos a Morena…y a AMLO. En todo caso, Coahuila e Hidalgo prendieron las alarmas.

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