El antifeminismo de AMLO

El autor, Benedicto Ruiz Vargas es analista político

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Con la valla de metal que el gobierno construyó alrededor del Palacio nacional en la Ciudad de México con el fin de protegerlo de las protestas de las mujeres el 8M, el presidente López Obrador quedó sellado como un mandatario antifeminista, una imagen que lo va a acompañar a lo largo de su sexenio.

Lo cual no deja de ser una paradoja, pues este gobierno es el que ha dado más espacios a las mujeres en los cargos públicos, por lo menos. Nunca antes se había visto que las mujeres compartieran casi en igualdad de circunstancias los puestos en los gobiernos federales, estatales y municipales.

Pero esto es diferente a compartir los ideales y la visión del feminismo mexicano. Para AMLO, una cosa es abrir más opciones para las mujeres en la administración pública y otra, muy distinta, es reconocer y aceptar las demandas y las concepciones que se derivan de los grupos feministas en el país.

Frente al feminismo, López Obrador ha mostrado una de sus facetas más conservadoras y tradicionales, ajena totalmente al pensamiento progresista y a la izquierda en general. Como si estuviéramos en tiempos de Díaz Ordaz y la larga hegemonía del PRI, que identificaban al comunismo o al socialismo como ideas “extranjerizantes”, AMLO ha dicho que el feminismo es un pensamiento “importado”, ajeno a la idiosincrasia mexicana.

Pero no sólo esto, también lo ha acusado de ser un movimiento manipulado o infiltrado por los “conservadores”, que tienen como objetivo desestabilizar a su gobierno a través de las manifestaciones de protesta.

Todo este lenguaje que utiliza, desgraciadamente, López Obrador pertenece a la visión y al talante de los gobiernos de la derecha priista de los años sesenta y setenta, empleados frente a la izquierda socialista y marxista de aquellos años, así como a sus movimientos sociales del mismo corte.

¿Por qué esta furia de AMLO contra el feminismo? Por una razón muy sencilla. Porque el feminismo, entendido como una compleja articulación de grupos de mujeres organizadas, es el único movimiento (hasta ahora) que se opone, cuestiona y exige al gobierno de López Obrador varias demandas, todas relacionadas con la violencia ejercida contra las mujeres en diversos planos de la vida.

En segundo lugar, porque el feminismo es un movimiento social, cultural y político que en esencia contradice la visión tradicional (y conservadora) de AMLO sobre el papel de la mujer en la sociedad. En este sentido, el feminismo es un movimiento subversivo y un elemento extraño en una perspectiva que, como la 4T, busca que regresen los viejos moldes de la sociedad.

Este pensamiento que permea toda la visión y las actitudes de AMLO, queda oculto tras las justificaciones que ofrece a la opinión pública y a una sociedad que también está atravesada por el conservadurismo. A esta sociedad se le dice que el muro no es contra las mujeres, sino para resguardar una construcción histórica. Es un “muro de paz” para no agredir y golpear a las mujeres el día de la protesta.

Así, las mujeres que vienen denunciando la violencia en contra de ellas, mujeres que nadie escucha, que descargan toda su rabia en contra de la policía el día de las manifestaciones, que patean y destruyen lo que encuentran a su paso, vuelven a ser victimizadas por recurrir a estos métodos.

Lo dice muy claro López Obrador en su lenguaje condenatorio: “No debe de haber ningún castigo (contra las mujeres que se manifestaron el 8 de marzo en el Zócalo), yo creo que el castigo en este caso es la condena pública por lo que hicieron”.

De esta forma, el gobierno cierra la pinza contra el movimiento feminista: por un lado lo estigmatiza y lo deslegitima al acusarlo de estar manipulado o infiltrado por los conservadores, además de ser un pensamiento importado, mientras que por otra parte busca que la sociedad lo repruebe por sus métodos violentos.

Este es el trasfondo de todo el problema. AMLO no quiere detener a las mujeres e impedir que dañen los edificios históricos de la Ciudad de México o de otras. No. Lo que quiere es impedir que el feminismo, como una visión particular de la mujer, pero también del poder político, se abra paso en el país y en el conjunto de la sociedad.

Su error es querer detener algo que avanza inexorablemente en casi todas las naciones, incluido nuestro país. Su error, el de AMLO, es estigmatizar a las mujeres y su movimiento mientras sostiene al mismo tiempo a individuos como Félix Salgado Macedonio, que representa este poder en decadencia.

Su error, en otras palabras, es ir a contracorriente de la realidad.

*El autor es analista político.

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