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Dos bloques electorales

Columna Mar de Fondo | La competencia electoral en los próximos comicios de 2021 será entre dos grandes bloques de partidos políticos.

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La competencia electoral en los próximos comicios de 2021 será entre dos grandes bloques de partidos políticos. Uno está representado por Morena, el PT y el PES, pero también por el PVEM, aunque ahora parece que irá solo. Y el segundo, como se sabe, estará conformado por la alianza que están integrando el PAN, el PRI y el PRD, principalmente.

Algunos partidos como MC han decidido no coaligarse con ninguno, quizás en espera de poder “cachar” algunos votantes que no se identifican con los dos bloques anteriores. La apuesta parece muy arriesgada.

Se habla mucho ahora de que las alianzas electorales son “impresentables”, en especial la que habría entre el PAN y el PRI. Pero los argumentos son muy viejos y dejan de lado algo a todas luces evidente: que Morena se constituyó originalmente por una gran cantidad de cuadros priistas, algunos panistas y de otros partidos y que, desde 2018, se alió a un partido absolutamente impresentable como es el PVEM.

También se dice que las nuevas alianzas no tienen un proyecto político o de gobierno, y que lo único que buscan es el “poder por el poder”, etcétera. Sin embargo, también en el caso de Morena y la coalición “Juntos haremos historia” formaron una alianza para conseguir el poder y, en cuanto al proyecto político, nadie con cierto rigor podría descifrar el proyecto desde el cual gobierna Morena ahora.

López Obrador formó Morena con retazos de aquí y de allá, movido principalmente para competir contra el PRI y el PAN por la presidencia. No tenía otro propósito, por lo que Morena es hasta ahora un partido que carece de una ideología definida y gira alrededor del liderazgo de AMLO. Dos años después de su triunfo, Morena aparece como partido  marginal en las tareas del nuevo gobierno.

Lo mismo sucede hoy con la alianza nacional que están organizando el PAN, el PRI y el PRD, cuyos objetivos principales son ganar la mayoría en la Cámara de Diputados, poner un límite al gobierno de AMLO que tiene una injerencia excesiva en el poder legislativo y, en tercer lugar, cambiar el balance de fuerzas a nivel regional o en los estados donde habrá cambio de gubernatura. No es el poder por el poder.

Son objetivos fundamentales para la salud de la democracia en México, hoy amenazada por el gobierno populista de López Obrador.

Esta posibilidad es tan real como puede deducirse de la encuesta más reciente de Buendía y Laredo publicada en El Universal el 30 de noviembre pasado, en la que si se suman los porcentajes de cada partido que iría en coalición Morena tendría el 42%, mientras que los otros partidos que integraría la otra alianza (PAN-PRI-PRD) alcanzaría el 37% de las preferencias electorales. Es decir, la alianza tendría muchas posibilidades de competir y ganar varios escaños.

El bloque que integra Morena, que ahora está en el gobierno, se mantiene fuerte a nivel nacional, por lo menos para la elección de 2021 y seguramente para la elección de 2024, pero es evidente que empieza a tener fisuras, sobre todo en algunos estados donde gobierna ahora, como por ejemplo Baja California.

Con todo y la fuerza y la popularidad de AMLO, su empuje electoral en la próxima elección no será igual que en 2018. Ya hay señales de un proceso de erosión de la fuerza política de López Obrador y un descrédito del partido Morena, que empieza a ser percibido como un partido igual que todos, sobre todo sin democracia interna.

Los bloques electorales o estas amplias coaliciones que estamos viendo reflejan la enorme polarización en que está inmerso el país actualmente, alcanzando por primera vez quizás la esfera de la política y lo electoral. No hay lugar para las opciones individuales o aisladas, con excepción de algunos casos locales.

Los candidatos independientes, por ejemplo, van a quedar en medio de estos dos grandes bloques electorales, lo que hará casi imposibles sus triunfos, salvo casos locales o excepcionales donde pueden representar una alternativa.

La mayoría de los partidos se están jugando su sobrevivencia, incluido por supuesto Morena. Si Morena no gana o conserva sus posiciones, no podrá asegurar su continuidad y, por lo tanto, su triunfo en 2024. Lo mismo los demás partidos que participan en el otro bloque, que necesitan salir de su crisis para poder competir con alguna posibilidad en la elección presidencial.

Será una competencia intensa en medio de una de las peores crisis que haya sufrido el país, tanto por la pandemia como por el camino errático e incierto que ha adoptado el gobierno populista de López Obrador.


El autor, Benedicto Ruiz Vargas es analista político.

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