Sé lo que es pasar hambre de niña

La joven haitiana Rose Senoviala Desir sintió desde muy joven el deseo de ayudar a las personas más vulnerables. Haber recibido comidas escolares de la agencia de la ONU sobre alimentación y los veranos en la pequeña granja de sus abuelos influyeron enormemente en la elección de su carrera profesional.

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ONU Haiti/Daniel Dickinson Rose Senoviala Desir es ingeniera agrónoma y trabaja para el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Haití.

Una ingeniera agrónoma que trabaja para el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Haití en una entrevista para Noticias ONU ha revelado que ella misma sabe lo que es pasar hambre de niña.

Cuando era niña, Rose Senoviala Desir vivía en la ciudad de Cabo Haitiano, al norte del país, y recibía comidas calientes como parte del programa de alimentación escolar del PMA, pero pasaba hambre los fines de semana cuando no había escuela. Confiesa que haber vivido esa experiencia influyó mucho en su decisión de trabajar un día para el programa de la ONU para la alimentación.

“Mi madre era profesora y tenía que recorrer un largo camino hasta su trabajo, por lo que no podía cocinar para mí y mis tres hermanos hasta que llegaba a casa, siempre muy tarde. Tuve la suerte de ir a una escuela donde el Programa Mundial de Alimentos proporcionaba comidas calientes gratuitas a los niños. Recibí estas comidas desde los cinco o seis años hasta los doce.

Mi hermano, que es cinco años menor que yo, no recibía comidas en la escuela, así que yo siempre iba a la cocina después de que todos los niños hubieran terminado y pedía comida para llevársela a mi hermano a casa. Los fines de semana no recibíamos esas comidas calientes, por lo que a veces no comíamos; así que yo sé lo que es pasar hambre. Comprendí enseguida que era mucho más difícil estudiar con el estómago vacío. Mi madre se gastaba todo el dinero que tenía en enviar a sus hijos a la escuela. Eso me hizo comprender lo importante que era el Programa Mundial de Alimentos para mi familia y para mi país.

De la granja a la universidad

Desde niña, siempre me interesaron las plantas, los animales y la agricultura. Durante las vacaciones escolares, siempre iba a casa de mis abuelos, que vivían en las afueras de la ciudad, y les ayudaba en su pequeña parcela de tierra.

Aprendí a criar cabras, así como pollos, patos y pavos. Además, a veces, iba con mi abuelo a la piscifactoría para escoger pescado que comprábamos para vender o para comer nosotros mismos. También me enseñaron a cultivar y cosechar el breadfuit (árbol de pan), una fruta deliciosa que mi abuela vendía en el mercado. Ayudaba a clasificar las alubias que mis abuelos habían cultivado; las alubias blancas eran las que se vendían a mejor precio, seguidas de las rojas y las pintas, así que mi trabajo consistía en hacer la criba para venderlas.

Aprendí mucho ayudando a mis abuelos y disfruté tanto que decidir estudiar Ingeniería Agronómica en la universidad parecía el camino indicado a seguir para mí. Para poder cubrir los gastos de la matrícula, trabajé como ama de llaves de un médico. Finalmente, me gradué en 2014.

Siempre me ha encantado aprender cosas nuevas, pero también compartir mis conocimientos; por eso, he formado a muchas mujeres en temas de agricultura. Me di cuenta de que lo que más deseaba en la vida era ayudar a las personas más vulnerables, incluso salvar vidas; por lo que mis valores coinciden perfectamente con los del Programa.

Mi trabajo actual se centra en reforzar la resiliencia entre las poblaciones rurales, ayudándolas a adaptarse al cambio climático y ofreciendo apoyo en sus esfuerzos por proteger sus tierras y medios de subsistencia mediante, por ejemplo, la construcción de estructuras que eviten la erosión de la tierra y favorezcan el riego. La mayor parte de este trabajo lo completamos el pasado año; ahora ya observamos una mejora en la resistencia de los cultivos ante las condiciones climáticas adversas, así como un aumento de los rendimientos.”