¡No estamos para festejar, sino para alzar la voz y luchar!

Escrito por Citlalli López Velázquez - Cimac

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Foto: Citlalli López Velázquez

El dolor y la exigencia de justicia las hace fuertes. Se agrupan, se dan ánimo, se abrazan y hermanan en una misma exigencia, ¡la de justicia!

La pandemia no detuvo las violencias, a ellas tampoco en una lucha que retumba fuerte en un tajante ¡Ya basta, no estamos todas!, recordando a Sol Cruz, Arlet Azucena, Zayra Morales y otras cientos de mujeres asesinadas y desaparecidas en Oaxaca.

El contingente se agrupó en más de 300 mujeres jóvenes, adultas, niñas y adolescentes identificadas con el movimiento feminista, que, levantado en una ola de indignación y rabia por el incremento de feminicidio y desapariciones, pintó de morado y verde todo el país, plasmado a dolor y furia en paredes, pisos y vidrios la voz de las mujeres violadas con el agresor en libertad, de las asesinadas sin justicia, de las desaparecidas con expedientes archivados.

Frente al contexto que viven las mujeres en Oaxaca en donde en los últimos cinco años se han registrado 984 desapariciones de mujeres, 84 por ciento ocurridas en el periodo de pandemia y 34 por ciento de estas desapariciones se han dado en los municipios catalogados con el índice más alto de violencia feminicida: Oaxaca de Juárez (191), San Juan Bautista Tuxtepec (62), Salina Cruz (39), Huajuapan de León (38), que evidentemente son la ruta y el paso directo para la trata de mujeres, las pancartas reflejan la resistencia de cada una:

“Ya basta, queremos vivir seguras”, “Queremos justicias, no flores”, “No somos histéricas, somos históricas”, “Que tiemble el Estado, los cielos, las calles”, “No voy a contenerme más, soy fuego y sé quemar. No tengo miedo, tengo rabia”, “Somos el grito de las que no tienen voz”.

“Hace aproximadamente un mes la encontraron asesinada en San Antonio de la Cal. Hasta el momento no ha sido clasificado como feminicidio. Hasta el momento solo han sido mil y un peros para avanzar en la investigación. Queremos y exigimos justicia. Quiero justicia para mi amiga que en estos momentos no está con nosotras. ¿Cuántas mujeres más tienen que ser asesinadas para que por fin nos hagan caso?”, expresó una excompañera de escuela de Arleth Sosa Ruiz de 20 años de edad quien fue desaparecida el 8 de enero luego de salir de su trabajo. Su cuerpo sin vida fue hallado horas más tarde en un lote baldío. A pesar de presentar huellas de violencia sexual, la carpeta de investigación fue abierta por homicidio.

“¡Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente!”, lanzaron a su paso de Calzada Madero hacia Independencia rumbo al zócalo capitalino, expresando la digna furia, aquella que se desprende de acudir al ministerio público a denunciar violación con pruebas y archiven el expediente.

“Denuncié violación, me dijeron que me iba a llamar y no me llamaron, sigo esperando a que me llamen. Él era mi asesor de prácticas en el Centro de salud de Xoxo”.

“Desembocado en el zócalo capitalino, el pronunciamiento fue contundente. Oaxaca, salimos una vez más a las calles, nos apropiamos del espacio público en el que a diario somos acosadas y violentadas, desde el que resistimos y al que seguimos sobreviviendo. Hoy, hacemos nuestras las calles, sin miedo, con rabia, por las que ya no están.

“Asesinan a más de diez mujeres al día en la República. 232 mujeres murieron de forma violenta en el 2020 en Oaxaca. Se contabilizan más de 500 mujeres asesinadas en lo que va de la Administración de Alejandro Murat Hinojosa. Además de la violencia económica, la violencia feminicida se endureció durante la pandemia, resultando en casi tres casos de feminicidio por día, sin olvidar a las mujeres racializadas y trabajadoras sexuales, que no aparecen en las cifras o en los intereses del Estado, así como las mujeres trans y los transfeminicidios, delito que ni siquiera se encuentra tipificado”.

En las escuelas que encubren agresores, en la policía represiva al servicio del Estado que criminaliza las protestas, nos viola, asesina y protege feminicidas, en los hombres que en las calles y en nuestras casas nos violentan, matan y desaparecen, propiciando un ambiente de riesgo para las mujeres, lesbianas y personas trans. Es momento de poner un alto a los megaproyectos que acarrean consigo violencias que derivan en despojos, ecocidios y crímenes violentos”.

21/CLV/LGL