La pandemia por COVID-19 impacta de triple forma a las mujeres

Escrito por Anayeli García Martínez - Cimac

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La pandemia del COVID-19 impacta tres veces a las mujeres: en caso de contraer la enfermedad afecta su salud, las medidas de confinamiento aumentan los riesgos de vivir violencia en el hogar y la reclusión en casa implica una sobrecarga en las responsabilidades de cuidado.

En el tema de salud los estudios recientes sobre el impacto de este virus a nivel mundial indican que, a corto plazo, la pandemia afecta más a los hombres porque son quienes se enferman en mayor proporción. Hasta el 21 de abril, día que inició la fase 3 de la pandemia en México, de las 857 defunciones 69 por ciento eran de hombres y 31 por ciento de mujeres.

Sin embargo, la consultora Cynthia Rodríguez de Jesús consideró en entrevista que las mujeres son quienes van a vivir las consecuencias a largo plazo porque ellas enfrentan condiciones de desigualdad, como empleos precarios o informales, con bajos ingresos y que las excluyen del sistema de salud.

Como dato, la revista “The Lancet”, la publicación científica de referencia a nivel mundial, publicó el artículo “COVID-19: los impactos de género del brote”, en el que indica que durante el brote por el virus del ébola en África occidental entre 2014 y 2016, las mujeres tenían menos probabilidades que los hombres de tener poder en la toma de decisiones en torno al brote, y sus necesidades estaban en gran medida insatisfechas.

Por ejemplo, en aquel continente los recursos para la salud reproductiva y sexual se desviaron a la respuesta de emergencia, contribuyendo a un aumento de la mortalidad materna en una región con una de las tasas más altas del mundo.

En el caso de la actual pandemia por COVID-19, presente en México y el mundo, Rodríguez de Jesús consideró que de los tres grandes efectos que se pueden vislumbrar, mucho se ha expuesto sobre el incremento de la violencia en el hogar y las estrategias de denuncia, pero poco se habla de los impactos económicos y de cuidos relacionados con las desigualdades económicas.

Las mujeres, señaló la experta y maestra en Demografía, viven vulnerabilidades acumuladas: tienen menores ingresos, participan en menor proporción en el mercado laboral formal y cuando encuentran trabajos remunerados son mal pagados o sin seguridad social.

En 2019 la tasa de participación económica de las mujeres era de 44.9 por ciento y la de los hombres de 77.1 y más de la mitad de las mujeres ocupadas percibían hasta dos salarios mínimos, según datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).

A estas vulnerabilidades, explicó, se agrega el nivel educativo, algo que está ligado con los ingresos y la posibilidad de ascender o desaparecer en el mercado laboral. Aunque en términos generales la pobreza ha disminuido, entre 2010 y 2018, el número de mujeres en situación de pobreza aumentó de 27.1 a 27.3 millones.

Otra desigualdad es el cuidado de los otros, de acuerdo con Cynthia Rodríguez de Jesús, el trabajo de reproducción social o no remunerado, del hogar y de cuidados de niñas y niños, personas de la tercera edad o personas con discapacidad es algo que las mujeres hacen en mayor proporción que los hombres.

Las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), del Inegi, muestran que al primer trimestre de 2019, 77.7 por ciento de las mujeres trabajadoras subordinadas y remuneradas no disponían de guardería o cuidados maternos y únicamente 22.3 por ciento tenían acceso a estos servicios.

Además, en 2014, la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo, del Inegi, mostró que las mujeres, detalló la especialista, realizaban alrededor de 30 horas de trabajo no remunerado y los hombres 9 horas. “¿Qué ocurre cuando sucede una pandemia, un desastre o una emergencia epidemiológica? Si se toma en cuenta los análisis de género, se nota el incremento de las vulnerabilidades de las mujeres, añadió la consultora.

La también investigadora en temas demográficos argumentó que los estudios de recuperación posdesastre dejan ver que el trabajo remunerado de cuidados se puede incrementar tres veces más cuando ocurre un desastre.  Si las mujeres son las encargadas de gestionar agua, medicinas y comida, su responsabilidad aumenta en la crisis.

En México, históricamente las mujeres son las encargadas del cuidado. La Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado de los Hogares de México, 2017, indica que el tiempo dedicado al trabajo no remunerado de los hogares en labores domésticas y de cuidados, difiere sustancialmente entre uno y otro sexo, ya que mientras las mujeres participan con 76.7 por ciento del total, los hombres lo hacen con 23.3 por ciento.

Esa es la razón, agregó, de decir que el cuidado de las mujeres en este tipo de situaciones se puede triplicar. “Podemos ver que a largo plazo es un desgaste brutal de trabajo para las mujeres”.

Por ejemplo, Rodríguez de Jesús, junto con la académica Guadalupe Fabiola Pérez Baleón, analizó el impacto de las desigualdades de género después de una crisis, como desastres por sismos, inundaciones o sequías.

Los hallazgos, plasmados en el artículo “Hogares con jefatura femenina y estrategias de recuperación posdesastre en México”, publicado este año en la revista Estudios Demográficos y Urbanos, explica que, para solventar la crisis económica después de una situación de emergencia, las mujeres recurren a amigos y familiares o a sus ahorros.

Por ejemplo, la investigación explicó que, como lo indican estudios internacionales, en casos de sismos como el de 2017 en México, las familias requieren de préstamos económicos para arreglar o reconstruir su vivienda.

Esto es porque las mujeres, sobre todo las de bajos ingresos, son quienes tienen menos ahorros y no cuentan con seguros de ningún tipo o con seguridad social, por lo cual se reducen sus posibilidades de recuperación.

En el actual escenario de una epidemia, la ONU ha hecho llamados para atender esta crisis con enfoque de género y ha pedido a la población masculina ser más consciente y solidaria y participar en las labores domésticas.

Los hombres, consideró Cynthia Rodríguez, ya están en las implicaciones del trabajo en casa. En una visión positiva, la especialista confía en que autoridades, sociedad y medios de comunicación aprovechen esta situación para instar a la población masculina a participar en los trabajos domésticos.

La consultora recordó la necesidad de contar con medidas a corto, mediano y largo plazo para atender los efectos de la pandemia. Aunque hoy la población está viviendo la emergencia, que durará hasta mayo o junio de este 2020, Rodríguez de Jesús recuerda que la recuperación será un periodo aún mas largo, quizás de uno a dos años para volver al estado de normalidad.

20/AGM/LGL