La desigualdad de género también se combate desde la cocina

Las Naciones Unidas invitan a que el 2020 sea un año decisivo para las mujeres y las niñas en todo el mundo.

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Kitchen Connection La ONG Kitchen Connection conecta a mujeres de todo el mundo a través del internet, donde ellas pueden aprender sobre su cultura y compartir recetas.

Aunque a las mujeres se les asignan roles estereotípicos de la cocina en el hogar, los puestos más prestigiosos en la industria de los restaurantes son en su mayoría ocupados por hombres. En el Día Internacional de la Mujer te contamos la historia de una joven caribeña, que a través de la ONG Kitchen Connection ha creado una red de mujeres que, a través de recetas y lecciones de cocina, comparten sus tradiciones culturales, se apoyan unas a otras y a la vez luchan contra el cambio climático.

Earlene Cruz, de raíces cubanas y dominicanas, creció en Union City, uno de los barrios más latinos del estado de Nueva Jersey, en Estados Unidos.

“Mi familia siempre ha tenido un restaurante donde crecí y me acuerdo mucho de los clientes y cómo siempre estuve interesada en saber sus historias, de dónde venían y qué hacían”.

Earlene estudió negocios internacionales y francés, y nunca se imaginó que eventualmente sería la cocina la que se convirtiera también en el centro de su emprendimiento.

“Sí crecí en ese ambiente culinario, obviamente muy importante para mi familia. Pero nunca pensé que yo también lo iba a hacer. Incluso mi familia siempre me decía tienes que hacer otra cosa, no puedes hacer lo mismo que nosotros”.

La ahora maestra en estudios alimentarios viajó a Ghana como parte de una investigación sobre nutrición, en la que visitó varios países. Fue allí donde nació la inspiración para crear Kitchen Connection.

“Estaba en Acra, se me había perdido la cartera con todo mi dinero y una familia me recibió en su casa durante cinco días y estuve con ellos y pasé mucho tiempo en la cocina, ayudándolos a servir la comida. Fue realmente lo que más me gustó de esa experiencia.  En la última noche, en su sala comiendo en el piso con mis manos, como es natural y cotidiano en muchas culturas de muchos países, empecé a sentirme un poco nostálgica sin haberme ido”.

Earlene pensó entonces en que no sabía cuándo podría volver a Ghana y disfrutar de nuevo de esa comida y del sentimiento de estar con ellos.

“Y dije bueno, puedo tal vez hacer una sesión de videochat y tal vez me puedan ayudar a recrear esta receta a través de Skype. Después de regresar a los Estados Unidos me vino la idea, ¿por qué no abrirles esa oportunidad a personas a través del mundo entero que por cuestiones de visa o de dinero tal vez no pueden viajar?”.

Fue así como nació Kitchen Connection, una ONG que permite a cocineros de casa y profesionales organizar o participar en clases de cocina en vivo e interactivas.

“Lo importante de eso no es exclusivamente aprender la receta, sino aprender un poco más sobre la cultura y la persona que está detrás de la receta. Francamente, hay formas más fáciles de aprender a cocinar, puedes meterte a YouTube, o entrar a un blog para aprender a crear algo, pero esta plataforma lo que hace es conectar a las personas utilizando la comida como el vehículo a llegar a eso”, explica Earlene.

Una manera de empoderar a las mujeres

Pese a que a las mujeres se les asignan roles estereotípicos en la cocina del hogar, los puestos más prestigiosos en la industria de los restaurantes les son relativamente ajenos a las chefs mujeres.

Según ONU Mujeres, las mujeres suelen tener que superar situaciones de discriminación activa y sortear una cultura que no sólo glorifica la masculinidad, sino que también aprueba tácitamente el acoso.

En la actualidad, menos del 4 % de la totalidad de chefs con tres estrellas Michelin (la clasificación más alta que se puede obtener) que aparecen en la conocida guía de restaurantes son mujeres.

“Desafortunadamente en el espacio culinario las personas que siempre les dan premios o que están en la televisión tienen tendencia a ser hombres y las mujeres son las que cocinan en la casa. Nunca tienen ese espacio. Entonces, para nosotros es muy importante enfocarnos en las mujeres, no excluyendo a los hombres, porque son parte de la solución, pero siempre integrando a las mujeres”, explica Earlene.

La profesora de la Universidad de Nueva York, recuerda cómo su ONG ha logrado apoyar y motivar a muchas mujeres, incluso a través de un reconocimiento económico.

“Una mujer de India pudo ganar 100 dólares en la plataforma, que tal vez no es mucho para muchos, pero para ella significó ganar el respeto de su esposo, porque antes de eso ella, aunque tenía un blog muy famoso en India y tenía muchos seguidores, las personas alrededor de ella no le ponían mucho respeto a lo que ella hacía. Ella me mandó dándome las gracias por esa oportunidad. “Gracias a ti gané por primera vez un dinero”, me dijo”, recuerda Earlene.

También cuenta que, durante la Cumbre de Acción Climática de la ONU en Nueva York, Kitchen Connection realizó un evento en el que se encontraba una cocinera en vivo desde Nigeria compartiendo recetas, y una persona que asistía decidió contratarla para una conferencia en Lagos.

“A ella la que eligieron para que hiciera el catering para la sesión entera de la conferencia, porque ella se interesa en combatir el cambio climático con sus recetas. Entonces eso a ella le cambió su vida en ese entonces y espero que para siempre, pero también significó mucho para nosotros, porque nos hizo ver que lo hacemos vale la pena al impactar positivamente en la vida de otros”.

Discriminadas hasta dentro de su propia cocina

Earlene asegura que sus viajes también le han hecho reconocer la importancia de darles un espacio a las mujeres para que compartan su arte culinario y sus recetas a través del mundo, que a la vez se convierte en una manera de luchar contra la desigualdad de género.

“Estuve en Marruecos y quería probar un dulce que tenían y el señor que estaba ahí, que era propietario del local, me dijo: “No, eso es para los hombres”. Entonces, en ese momento dije bueno, ¿es que hay una diferencia entre lo que comen los hombres y las mujeres en Marruecos? y decidí investigar. Me sorprendí, pero sí hay mucha literatura que dice que las mujeres cocinan allá, pero nunca las dejan hacerlo en público ni ser vendedoras en la calle. El nivel de las mujeres que son propietarias de negocios es muy bajo, y no es sólo Marruecos, hay muchos países donde esto es un problema. Las mujeres son las que comen de último. A veces comen en cuartos separados, dan la comida primero al marido y al hijo, después a las hijas y a ellas. Entonces no es solo de alzar la voz por los chefs o los profesionales, pero pensar en que físicamente hay mujeres que están desnutridas, porque ellas culturalmente tienen eso en la cabeza de que son menos”.

La fundadora de Kitchen Connection asegura que para estas mujeres, ver a alguien cocinando como ellas a través de una pantalla, les da un reconocimiento.

“Eso a ellas le da un poder de saber que lo que ellas tienen, lo que ellas hacen, lo que ellas tienen en la cabeza, es algo especial”.

Mujeres contra el cambio climático

En este momento chefs y cocineros de casa de más de 150 países participan en la plataforma creada por Earlene Cruz, que además también realiza eventos presenciales apoyados por agencias de la ONU como la Organización de la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

En estos eventos se promueve, entre otros temas, la cocina y la agricultura sostenible, como parte de la gran lucha contra el cambio climático.

Cruz, quien también es miembro del Comité de Jóvenes de las Naciones Unidas, asegura que las mujeres desde sus casas tienen recetas tradicionales que hacen parte de los buenos hábitos para luchar contra el calentamiento global y a veces no se dan cuenta.

“El liderazgo de las mujeres es siempre en sus propias vidas. Ellas hacen muchas cosas: no gastan el agua, cocinan cosas con alimentos de sus jardines. Es algo que siempre se ha visto, pero no son cosas que se han apreciado. Entonces, para mí, cuando yo hablo de cambio climático o de acción climática, pienso que a veces piensan ellas que no han hecho suficiente o que no tienen suficientemente la experiencia para hablar de eso. Pero cuando empezamos a hablar de sus prácticas individuales, del día a día, nos damos cuenta de que ya han hecho mucho para aliviar el sistema en sus prácticas de día a día, entonces para mí es sólo ayudarlas a que puedan hablar de sus cosas de una manera humana. No es de hablar en términos de la ONU. Francamente, no necesitan hacer eso para poder llegar a las personas y creo que, de esa manera, cuando las personas vienen a un evento o se conectan por internet, se dan cuenta ellos mismos que es muy fácil de hacer lo mismo. Entonces es solamente abrirles las puertas y enseñarles que ya lo que están haciendo es algo fenomenal, que es algo que no es fácil para muchos, pero que es algo alcanzable”.

Además, las mujeres a veces tienen conexiones muy fuertes con recetas indígenas, que no son solo buenas para la salud, sino también para el planeta, explica la joven.

“Sabemos que ahora el sistema agrícola está contribuyendo mucho al cambio climático. Entonces por esa razón involucrar a las mujeres, involucrar a las personas que tienen una conexión muy fuerte con estas recetas tradicionales es algo muy importante”, concluye Earlene Cruz.

Abrirles espacios a las mujeres, como el que ha abierto Kitchen Connection, hace parte de la acción que se necesita para lograr la verdadera igualdad de género por el bien del planeta y de toda la humanidad.

Actualmente, existen restricciones legales que impiden a 2700 millones de mujeres acceder a las mismas opciones laborales que los hombres,  menos del 25% de los parlamentarios eran mujeres en 2019, y una de cada tres mujeres sigue sufriendo violencia de género.

Las Naciones Unidas invitan a que el 2020 sea un año decisivo para las mujeres y las niñas en todo el mundo.

Reportaje: Laura Quiñones

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