El sarape de Saltillo, prenda mexicana que cautiva por su elegancia, colorido y tradición

En Saltillo, la prenda se volvió un emblema de la identidad de los coahuilenses, quienes plasman los diversos tonos que las estaciones del año forman en el cielo: los atardeceres, amaneceres, puestas de sol, el arcoíris, las neblinas, etc.

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El sarape es una prenda que ha acompañado al pueblo mexicano desde la época prehispánica. Nadie ha escapado de su colorido diseño. Arropó a insurgentes, bandoleros, revolucionarios y cantantes.
En algunos lugares se llama gabán, tilma, jorongo, cotón, cobija o chamarro. Se porta con elegancia, adorna al que baila y acompaña en las serenatas.
La palabra sarape es una descomposición de las palabras nahuas “tzalan”, entretejido, y “pepech-lli”, que es manta gruesa para tenderla sobre algo.
En tiempos prehispánicos se usaba una tilma adornada de colores distintivos para señalar el oficio de quien la portaba o la clase social a la que pertenecía.
Con la llegada de los españoles, la prenda tuvo cambios en sus materiales (comenzó a utilizarse la lana) y en la técnica de tejido (se empezó a tejer con el telar de pedal).
En muchos lugares de nuestro país se tejen sarapes, pero en Contla, Tlaxcala, y Saltillo, Coahuila, la tradición es única e inigualable: están unidas por las migraciones durante la época colonial.
El sarape de Saltillo debe su origen a la disposición del virrey de Velasco, quien decidió enviar familias tlaxcaltecas al territorio de Coahuila, habitado por tribus nómadas. Los tlaxcaltecas continuaron con la tradición del tejido de tilmas tanto en el norte como en su terruño natal.
Los tlaxcaltecas aprendieron a criar borregos, a cardar e hilar la lana, así como a armar el telar de pedal, que les permitía obtener lienzos más anchos y largos en menos tiempo que con el telar de cintura.
En Saltillo, la prenda se volvió un emblema de la identidad de los coahuilenses, quienes plasman los diversos tonos que las estaciones del año forman en el cielo: los atardeceres, amaneceres, puestas de sol, el arcoíris, las neblinas, etc.
Son un degradado de colores que confluyen en el centro, formando un diamante que conduce a las cuatro estaciones del año, tiempos que marcan la siembra y la cosecha, la sequía y el invierno; no se trata de una serie de líneas o “rayas” de colores puestas arbitrariamente.
Se acompaña además de diversas flechas que simbolizan los ataques a que eran sometidos los pueblos del norte durante la época de la colonización.
Artesanos
Juan Rubén Tamayo Sánchez, Saltillo,
Coahuila.
Héctor Tamayo Sánchez, Ramos Arizpe,
Saltillo, Coahuila
Fotos: Mariceu Erthal

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