“Ya se escucha más la voz de las personas con talla baja en México”: Santos Arroyo

La participación de más activistas y organizaciones que atienden el tema de las personas de talla baja en México y en otras partes del mundo, ha dado visibilidad a este sector de la población con discapacidad.

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La inclusión es un escenario complejo por alcanzar, esto debido a la multiplicidad de ideologías, creencias y tabúes que se suman a la ignorancia, la intolerancia y la apatía, de ahí que el camino para llegar es largo y sinuoso, pero aún así habiéndose logrado la meta, la estabilidad es tan frágil que todo pudiese retroceder.

En México a pesar de cualquier adversidad, las personas de talla baja han ido ganando terreno en todos los entornos de la vida diaria, desde lo social, hasta lo laboral, sin dejar de lado la parte deportiva, ni el aspecto cultural, aunque falta mucho por avanzar y forjar.

La participación ciudadana

Martha Elena Santos Arroyo, Presidenta de la Red Mexicana de Personas con Talla Baja al hacer una evaluación del panorama actual de este sector de la población, dijo que el trabajo arduo y compromiso altruista desde el activismo, ha ido rompiendo los mitos que envuelven a la discapacidad, detectando y derrumbando barreras de todo tipo.

“Vemos a líderes en organizaciones, otros de manera independiente, pero haciendo escuchar la voz de los de talla baja y esto está generando un cambio en todos los estratos sociales y niveles de poder, ya sea económico, político o social”, expresó la defensora de los Derechos Humanos durante una entrevista para CiudadTijuana en el marco del Día Mundial de las Personas con Talla Baja, que tiene como fecha el 25 de octubre,

Expresó que los partidos políticos cada vez ponen más atención a este importante segmento de mujeres y hombres de todas las edades, por tanto es ya tomado en cuenta con mayor frecuencia en sus respectivas agendas para impulsar cambios desde el terreno legislativo nacional y a nivel regional.

“Los partidos políticos voltean a verte como elementos que pueden participar en ese ámbito en el que anteriormente no nos tomaban en cuenta al no ser por mucho tiempo consideradas como personas con discapacidad desde el aspecto conceptual, por tanto no se promovían políticas públicas para atender necesidades específicas de la gente de talla baja”, puntualizó Santos Arroyo.

Mencionó que en la última década se ha fortalecido la manifestación de quienes forman parte de esta población, lo que les ha permitido avanzar de manera significativa hacia la inclusión laboral, educativa y social, más allá de la inserción e integración, como antesalas para la plena valoración de la diversidad y pluralidad en todos los círculos de la sociedad mexicana.

“Estamos en un momento muy importante, porque es una explosión en estos últimos diez años de manifestación de la población de talla baja que está haciendo que se visibilice a pasos agigantados, esto a partir de las redes que se han tejido durante muchos”.

Tareas pendientes ante un panorama prometedor

Si bien son muchas las carencias o deficiencias en materia de diseño universal, considera positiva la empatía que se ha dado en muchas empresas, centro escolares y espacios públicos, pero que todavía es insuficiente, dado que no siempre se toman en cuenta las características físicas particulares de la gente que está por debajo de la estatura promedio.

“Veo un panorama muy prometedor, un panorama sumamente positivo para las personas de talla baja y no precisamente porque los cambios que se puedan dar o la mirada hacia la población de talla baja vaya a cambiar de la noche a la mañana, sino que la visión prometedora que resalta a mis ojos, es en virtud de que vemos cada día un mayor activismo en diferentes estados de la República y en donde también podemos ver y palpar una mayor unidad de las organizaciones de la sociedad civil del tema de talla pequeña, no solamente en México sino en otros países, y esto es gracias a la lucha de muchas personas que han estado insistiendo”, destacó la activista.

El respeto, conocimiento y reconocimiento, son y deben ser tres factores esenciales para estructurar un compromiso social desde lo individual, para multiplicarse así en la colectividad hasta resarcir el tejido de las comunidades a nivel nacional y mundial, afectadas  por la discriminación multisectorial, dando como resultado la exclusión.