Tijuana y el día de las madres: entre la dualidad del “No lo creo” y el “Tengo miedo”

Una breve reseña de lo que se vio en las calles

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La situación general vivida este 10 de mayo, difícilmente se igualará en futuros años, en medio de una restricción sanitaria cumplida a medias tintas. Pareciera que entre más lejos se transite de las zonas céntricas de la ciudad, más lejos se está también del Coronavirus o al menos de la creencia de que este exista.

Me he pasado toda la cuarentena  fuera de casa, me instalé temporalmente en la zona este y la verdad, las veces que salgo, da la impresión que acá no pasa nada; los parques comunitarios están llenos de niños, el tráfico vehicular se ve casi normal… lo único que marca la diferencia, es que los locales de comida mantienen la orden de “solo para llevar” y que unas 6 de cada 10 personas portan cubrebocas.

La “Visita inesperada”, un presente y poner los pies en la tierra

Aprovechando que saldría a recorrer un poco la ciudad para confirmar mi teoría respecto al impacto de esta fecha, le hice un favor a una amiga para llevar un regalo para la mamá de otro amigo, obviamente con todas las medidas de protección necesarias.

Abordar el transporte público no ha sido un tema fácil y lo uso solo en casos muy necesarios. Me cuesta trabajo permitir que una persona desconocida se siente a mi lado y peor aún si esta anda por la vida muy campante sin los aditamentos básicos.

Es muy común toparse aún con usuarios de transporte público sin usar guantes ni cubrebocas.

Una vez que recogí el regalo, tomé un taxi libre para llegar a mi destino, no era muy larga la distancia que recorrería así que la plática que estableció conmigo la conductora fue breve. Mientras pasábamos por un supermercado y un par de florerías veía las largas filas de gente, mucha de ella sin si quiera tomar la “Sana distancia”.

“¿Tú crees que sea cierto todo eso que dicen mija”? me preguntó la señora mientras yo seguía viendo por la ventana. No pude evitar verla con cara de “¿Es en serio lo que me estás preguntando?” pero solo me limité a responderle un sí.

A penas esta semana me enteré de que eran tres los compañeros de medios que han resultado contagiados por el Covid-19 y el reciente fallecimiento de uno de ellos, es imposible el si quiera pensar que todo esto “No es cierto”.

Llegar con mi amigo me hizo terminar de poner los pies en la tierra. No me había tocado saber de un conocido cercano que fuera víctima del Coronavirus y es que este mal, literalmente le llegó a domicilio. Solo me limitaré a decir que me entristeció el ver un poco apagada a una persona regularmente tan llena de vida y que el “No quiero volver a salir” es una de las frases que difícilmente se me olvidará por algún tiempo. Sin embargo lo que me alegra es que lo peor para ella ya pasó.

Entre más cerca estoy de el centromás real parece la contingencia

Mi recorrido continuó hacia la 5 y 10. De nuevo la ansiedad de inevitablemente tomar una calafia  hizo concentrarme en lo que veía por la ventana. Entre más cerca estaba de llegar ,más vacías parecían estar las calles.

Sin embargo, al bajar del transporte el panorama cambió, los puestos ambulantes son tan variados que se sigue encontrando de todo, lo cual encuentro lógico. Muy difícilmente esas personas se pueden dar el lujo mantenerse en casa al no tener un ingreso seguro de otra fuente.

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Algunos locales de comida se veían atiborrados de gente, en algunos casos la situación estuvo algo fuerte, por ejemplo, un restaurante de pollo frito en particular generaba congestión vehicular a lo largo de una cuadra.

La fila que se ve al costado de los taxis es para llegar al restaurante que menciono.

Al emprender mi camino con rumbo a la zona centro, de nuevo me topé con un boulevard Aguacaliente casi vacío.

La Santa Cecilia y su búsqueda por reactivar su economía

La avenida Revolución se veía como casi cualquier otro domingo, poca gente transitando y unos cuantos carros, esto contrastando con lo que se ve en la Constitución donde la mayor parte de la gente se sigue concentrando en las mueblerías que se dedican a funcionar como instituciones bancarias, ahí es permanente el ver personas haciendo línea para ingresar. Por fortuna hoy no fue como los días pasados en los que el calor hacía más tediosa la espera.

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Al dirigirme a la Santa Cecilia tenía la esperanza de toparme con los músicos que continuamente están en el lugar, curiosamente no encontré ninguno. Por el contrario me encontré con varios puestos de abiertos (los cuales en mi última visita no había visto activos) y me topé con algunos locales de comida adaptándose al modo de venta ofreciendo sus productos “para llevar”.

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Aproveché para pasar por la esquina de calle tercera y constitución, estaba segura que Naitoreido, el chico que hace sus obras en el piso a base de gises, tendría alguna postal referente a esta fecha. No me equivoqué, acababa de terminar su dibujo de Carlitos alusiva a uno de los capítulos más emotivos de la clásica caricatura “Aventuras en Pañales”.

Ya literalmente cansada de ver tanta gente opté por regresar a casa y preparar este relato. Al llegar a mis aposentos con la intención de montar la oficina móvil, mi idea de paz se vio ligeramente mermada pues me enocontré con que hay festejo a todo lo que da por parte de los vecinos del segundo piso. Sin más que poder hacer, la vida continúa.

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