La toma estudiantil del Campestre en 1971

Escrito por los historiadores David Piñera y Gabriel Rivera

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Por gestiones de la Rectoría de la Universidad, el gobierno del estado asignó a la Universidad Autónoma de Baja California, un terreno de 20 hectáreas, en la parcela 10 del ejido Tampico del municipio de Tijuana. Al respecto, el gobernador Sánchez Díaz dirigió al rector Soto Gil el oficio 17269, fechado el 6 de julio de 1970, en el que otorgaba a la Universidad la ocupación provisional del terreno y le aclaraba que la adjudicación definitiva se haría al concluir el trámite agrario correspondiente. Tales terrenos, que se encuentran en la Mesa de Otay, son precisamente los que -después de una compleja serie de acontecimientos- ocupa hoy la unidad universitaria Tijuana.

En febrero de 1971, los estudiantes de la Escuela de Economía, con el respaldo de alumnos de otras escuelas, se involucraron en la sonada disputa por los valiosos terrenos del Club Campestre de Tijuana. La situación legal de ese predio se encontraba en el centro de un embrollado litigio y los intereses de los grupos contendientes cancelaban prácticamente cualquier posibilidad de solución. Participaban en la controversia los socios del Club Campestre; la empresa Inmuebles Californianos S.A. (ICSA), que en su calidad de titular de los derechos de los sucesores de la familia Argüello se ostentaba como propietaria de casi la totalidad de la superficie en que se encuentra establecida la ciudad de Tijuana, incluida la del Club Campestre; por la otra parte, un considerable número de habitantes de la ciudad, que tenían sus casas, negocios, edificios sociales, etcétera, en la referida superficie y que formaron el comité Pro Defensa del Patrimonio de Tijuana. Obviamente el gobierno del estado estaba involucrado también en el conflicto.

Los estudiantes vieron en la coyuntura circunstancias favorables y ya que el gobierno del estado abrió la posibilidad de expropiar los terrenos por causa de utilidad pública, consideraron que la construcción de escuelas para la Universidad en terrenos del Club Campestre, constituiría una causa de interés público inobjetable.

El 3 de febrero de 1971 el juez de Distrito de Tijuana dictó una resolución favorable a ICSA. Inconformes con ella, los miembros del Club, respaldados por el comité Pro Defensa del patrimonio de Tijuana, tomaron los campos y las instalaciones con la decisión de conservarlos por la fuerza.

Los estudiantes de la Escuela de Economía, por su parte, trazaron un plan similar y, para ejecutarlo, convocaron a los jóvenes militantes del PRI y del PAN, a los miembros de las Juventudes Comunistas del PCM, a los integrantes de la FEUB, a los de la Federación de Estudiantes Bajacalifornianos de Secundarias y a los del Bloque Estudiantil Democrático. La idea era conformar una organización plural y sólida, tomar el terreno en disputa e iniciar un movimiento para adjudicárselo a la Universidad. Decidida la acción y asegurada la participación de cada una de estas organizaciones, los promotores planificaron una marcha y mitin para el día 5 de febrero de 1971.

El mitin tuvo lugar en el centro de la ciudad con la participación de centenares de estudiantes universitarios, así como de secundarias. Al concluir el mitin se inició la marcha en la avenida Revolución y calle Octava, que terminó en las puertas del Club Campestre. Los estudiantes realizaron allí otro mitin en el que se pronunciaron discursos acalorados. Cuando estos estaban en su apogeo, uno de los oradores incitó a los marchistas a tomar los terrenos. Debido a que los socios del Club estaban ya en las instalaciones, los estudiantes pidieron permiso para entrar. El acceso les fue negado, pero rápidamente un grupo de ellos subió a los techos, saltó los cercos y violó los candados. Abrieron las puertas y entró el numeroso contingente estudiantil. Al caer la noche quedaron sólo unos 300 estudiantes, quienes, para protegerse del frío, improvisaron hogueras. En los días posteriores los socios del Club y los estudiantes tuvieron desavenencias y enfrentamientos verbales, al grado que llegaron a amenazarse con palos de golf y garrotes. La juventud, el ímpetu, el número y la audacia de los estudiantes, triunfaron sobre los socios quienes fueron obligados a salir.

En breve el movimiento estudiantil adquirió popularidad con ayuda de la información divulgada por la prensa y de artículos favorables escritos por los periodistas. Recibió también el respaldo moral y material de la comunidad tijuanense y, una vez fortalecido, se creó un Consejo Estudiantil, integrado por representantes de las escuelas universitarias. Se conformaron diversas brigadas para mantener vivo el movimiento, se fomentó la intervención de todos los miembros del Consejo en cada una de las iniciativas y, para no personalizar el liderazgo, diariamente se nombraba un vocero que establecía contacto con los medios de comunicación.

El movimiento se mantuvo vivo durante todo febrero; a mediados de ese mes la Escuela de Contabilidad y Administración -cuya participación era importante, en la medida en que era la más numerosa- inició formalmente la impartición de clases en los campos del Club Campestre. El Consejo Estudiantil se dedicó de modo especial a divulgar el movimiento y a buscar que los diversos sectores sociales de Tijuana se involucraran. Para esto, invitó a las familias a conocer las instalaciones del Club; organizó con motivo del XIV aniversario de la Universidad, una exposición de artes plásticas y llevó a cabo un multitudinario festival de música de rock en el que actuaron varios grupos de Tijuana. Debido a las numerosas actividades y al apoyo recibido, se arraigó entre los estudiantes la certeza de que los terrenos del Club Campestre serían para la Universidad. Adoptaron el lema “Campestre o nada” y llegaron a pláticas de negociación concertadas con el gobernador, aferrados a esa postura. El movimiento se prolongó todo marzo y parte de abril.

Por las presiones que implicó el movimiento, el gobierno del estado aceleró los trámites que había iniciado el año anterior para adquirir los terrenos del ejido Tampico y donarlos a la Universidad. Así, el 15 de marzo de 1971, mediante el oficio respectivo, el gobernador Sánchez Díaz, después de efectuar los trámites correspondientes ante el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, hizo la entrega formal del predio a las autoridades universitarias.

Complementariamente, el gobierno del estado, a través de la Dirección de Obras y Servicios Públicos y en coordinación con las autoridades universitarias, inició al día siguiente la construcción de las instalaciones destinadas a las carreras de Economía, Contabilidad, Administración y Turismo.

Con un terreno asegurado e instalaciones en vías de construcción, el movimiento estudiantil en el Club Campestre perdió justificación a los ojos de algunos sectores de la opinión pública. En las escuelas, particularmente en la preparatoria, los muchachos empezaron a temer la pérdida del año escolar, por lo que gradualmente se retiraron. Al interior del movimiento empezó a haber divergencias sobre si era pertinente o no continuarlo y así, el 16 de abril, quienes se mantenían activos celebraron un plebiscito por medio del cual llegaron al acuerdo de ponerle fin.

En consecuencia el día 19 abandonaron el Club Campestre, concluyendo así una situación que, dentro de su enorme complejidad, tuvo como saldo el evidenciar ostensiblemente la imperiosa necesidad de dotar de instalaciones a la Universidad y como paso concreto la dotación formal de la superficie en la que hoy se encuentra la Unidad Tijuana, con el consecuente inicio de la construcción de los primeros edificios.