“Señor presidente municipal de este pueblo, sé que me está viendo, mil disculpas por estar en su pueblo de Tijuana, no le pido nada más que solo nuestros derechos sean respetados”.

Esas fueran las palabras de Mónica Ramírez, una mujer hondureña que llegó a esta ciudad fronteriza hace unos días al lado de su hija mayor, una niña, luego de tener que escapar de la violencia, pobreza e incertidumbre vivida en su tierra.

Fue en una rueda de prensa la mañana de este lunes en el tercer piso del Enclave Caracol a unas cuadras de la garita de San Ysidro, lugar en el que el Comité de Apoyo a Migrantes formado por diversas organizaciones latinas de México y Estados Unidos, emitió un posicionamiento para exigir un cambio de discurso al alcalde Juan Manuel Gastélum Buenrostro, hasta el momento polémico y contradictorio, así como la pronta solución a la crisis humanitaria.

Ella, madre soltera, expresó que dejó atrás a sus padres y tres hijos menores de edad, no por gusto, sino obligada por las amenazas en su contra como resultado de la ola criminal de aquella región del mundo.

“Digo al presidente, no somos asesinos, no somos personas que venimos porque queremos, sino porque queremos algo diferente para nuestra familia, nuestros hijos”.

Aunque con tristeza y al borde de las lágrimas, mantuvo su voz firme al mostrar en su teléfono una imagen de su hermano recién asesinado en Centroamérica, algo de lo que apenas se enteró la tarde del domingo mientras continuaba la protesta antimigrante a una cuadra de la unidad deportiva “Benito Juárez” donde se encontraba junto a más de dos mil mujeres y hombres.

Ante eso, su hija desbordó el llanto, las fotografías por decenas entonces se tomaron desde las cámaras de periodistas nacionales e internacionales, más cuando buscó refugio entre sus brazos.

“Quiero disculparme con lo que ha pasado con el pueblo mexicano, porque algunos personas se han expresado muy mal, pero no todas somos iguales y lo único que queremos es un permiso de tener una familia, un techo; no venimos a invadir, yo solo quería pasar al otro lado”.

Una y otra vez solicitó disculpas y agradeció por ella, las personas que llegaron en la llamada “caravana migrante” y todas aquellas que ahora están en el albergue ubicado en la zona Norte a escasos metros del cerco fronterizo.

“De todos los que estamos aquí, agradecimiento a todo el pueblo mexicano, porque nos han apoyado con comida, techo y seguridad; es un orgullo estar en su pueblo mexicano; somos muchos  más los buenos que los malos, pues lo que ha sucedido, fue debido a unos compañeros, no por toda la gente”.

Mónica Ramírez ante el silencio de la sala dijo que de una manera u otra, “todos somos migrantes” y es la inseguridad, así como el hambre los que les ha obligado a dejar sus hogares.

“Mi papá no me enseñó a robar, pero sí defenderme; mi madre me dijo levántate cada mañana, levanta tu cabeza pero para agradecer y echarle ganas”.

Antes de terminar con su participación a la que se unieron otras personas del mismo país para brindar testimonio ante los medio de comunicación sobre su travesía y vivencia en Tijuana, exhortó al presidente de la ciudad a demostrar ante el mundo, que las cosas pueden ser diferente y mejores desde este punto fronterizo, justo en medio de México y Estados Unidos.

“Muestre a su pueblo, a los países que usted puede, porque yo sé que puede; el querer es poder y el poder es querer”

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