Por varias horas se vivió este domingo una creciente tensión en Tijuana, luego que cientos de migrantes centroamericanos se movilizaran hacia la garita de San Ysidro y la zona de El Chaparral, lo que provocó el cierre temporal de vialidades y todas las puertas de entrada a Estados Unidos.

Lo que se había anunciado desde el viernes como una acción pacífica para solicitar asilo en el vecino país, se convirtió en un caos provocado por un grupo que incitó al contigente a seguirlos, algo que no solo afectó el cruce binacional, sino al comercio, sector que desde la llegada de la “caravana” y la falta de un plan de acción desde el gobierno federal, hasta el estatal y municipal, ya tenía una disminución considerable en las ventas.

Desde el amanecer la gente ya se trasladaba hacia la zona que se convertiría en poco tiempo en un conflicto. Algunas mujeres y hombres caminaban con pancartas, hasta había quienes cargaban al hombro su mochila, decididos unos a cruzarse de manera ilegal y otros con la curiosidad y el temor ligado a la incertidumbre, así como al desconocimiento.

Agentes antimotines de la Policía Federal mexicana les esperaban en algunos puntos para impedir su avance, mientras que al menos desde cuatro helicópteros observaban los movimientos multitudinarios.

Nada parecía evitar que intentaran muchos ingresar a territorio estadounidense, otros tantos corrían y retrocedían o cambiaban de ruta, todo estaba cerrado; las advertencias desde “el otro lado” se escuchaban, las granadas de gas lacrimógeno sonaban y esparcían el humo irritante, se lanzaron desde el otro país y se da cuenta de los primeros lesionados.

Se dice que varios pudieron “meterse” pero no más de lo que hubieran deseado, pues el operativo castrense y de control migratorio norteamericano estaba listo para contener cualquier intento de infiltración.

Agentes uniformados mexicanos con chalecos de brigadistas invitan a retirarse y regresar al albergue Benito Juárez, pero no funcionó la estrategia, pues se mantuvo la avanzada a pesar de la inseguridad del momento.

La Policía Municipal de Tijuana hizo su parte preventiva y reactiva, dando un saldo de 36 centroamericanos y 15 mexicanos detenidos por diversos motivos como resultado de los disturbios.

Mientras eso sucedía en la parte norte de la ciudad, sorprendía la escasa presencia de turistas en puntos estratégicos como la Avenida Revolución y la Plaza Santa Cecilia, lo que generó molestias y críticas en redes sociales, por un lado en contra de la población migrante en su mayoría de origen hondureño y otro tanto hacia las autoridades gubernamentales.

Poco a poco la calma regresó a la garita de San Ysidro; la unidad deportiva recibió de nuevo a los que se manifestaron; la comida ya se distribuía como todas las tardes a través del voluntariado y el esfuerzo del personal de la Marina, pero muchos una vez más no alcanzaron una ración de los alimentos.

Luego de la reapertura de las puertas hacia Estados Unidos, se deportaron a 98 centroamericanos tras ser identificados como agresores y alborotadores.

La espera ahora de una solución contundente es más urgente para atender el fenómeno migratorio desde una perspectiva humanitaria, pero serán ahora necesarias medidas para evitar una caída mayor del comercio y la parte turística, pero en particular evitar la polarización social que podría convertirse en detonante de una crisis social de largo plazo.

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