Zeta Vs. Cecut

A la burguesía, las artes solo le sirven para adornar y acompañar y hacer sus reuniones menos aburridas.

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Los ataques del semanario Zeta (PAN) a la nueva directora del Centro Cultural Tijuana, Vianka Santana (MORENA), demuestran la inconformidad prejuciosa de Gabriela Olivares Torres, reportera de cultura de Zeta. Esto lo digo por lo tendencioso del artículo alarmista que apareció en la edición del 11 de enero, firmado por Enrique Mendoza Hernández.

Olivares, siguiendo las huellas del fundador del semanario, un panista, retoma la trinchera contra «el cártel del peje» con el enfoque editorial.

El fundador, Jesús Blancornelas, lo conocí en persona y lo traté por años en el negocio familiar. Pasaba a tomar café con mi padre diariamente. Jamás le escuché hablar de arte, música, cine o litertura, todo en sus labios era político.

Por eso, a pesar de que el Zeta es uno de los semanario más importantes de la región —tiene la peor sección de cultura—.

En el caso de Olivares he leído sus comentarios y puedo decir que su dominio de los temas culturales es tan superficial como sus notas. Carece de reflexión profunda y originalidad en las ideas expresadas en sus anécdotas.

Vianka Santana la conocí como creadora y la he visto luchar y transformarse en una administradora pública que busca la educación y la profesionalización de los creadores.

Sé que su visión choca con el romanticismo de la clase burguesa, y de los artistas que ya se soñaban reviviendo la gloria de los muralistas del triunfo revolucionario de 1910.

Estamos en el siglo XXI, las nociones románticas se han vuelto tóxicas. Rémoras de una noción cultural burguesa y elitista que ya apesta. Es fundamental cambiar de paradigma.

Los artistas que se queden en el romanticismo serán desplazados por los nuevos talentos que buscan expresiones tecnológicas, experimentales y comunitarias.

La burguesía ha distorsionado el ser artista, haciendo creer que el talento es todo lo que se necesita para alcanzar el único objetivo: la fama y la inmortalidad.

Los creadores no son privilegiados, ni monjes competitivos, son trabajadores culturales.

La importancia del arte en las culturas precolombinas era superior a la de hoy, ¿y quién ha visto alguna firma u autógrafo en la base de los templos mayas o aztecas?

El individualismo «rockstar» a la Lord Byron en el siglo XXI es infantiloide, cínico y/o impotente. Los creadores ya deberían forjarse otro modelo y actitud.

¿Cuál es el problema con la noción burguesa del arte y cultura? Es una tradición cerrada que jamás se cuestiona: ¿qué más puede hacer el arte? ¿qué otras nociones de arte y cultura existen y/o se pueden desarrollar? ¿es el arte una tradición o una innovación? ¿todo arte es político porque expresa algo, o solo debe existir el arte por el arte?

A la burguesía, las artes solo le sirven para adornar y acompañar y hacer sus reuniones menos aburridas.

Esa es la noción apoltronada de cultura que el semanario Zeta defiende, muy ad hoc con los programas anacrónicos del panismo.

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