Todos somos méxico

El autor es analista político

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El día de mañana Andrés Manuel López Obrador tomará posesión como presidente constitucional de México, será el primer presidente de izquierda a partir de la instauración del modelo de capitalismo salvaje en el país y lo más importante, será el taumaturgo que devolverá a la vida al nacionalismo revolucionario con todos sus significados y formas.

Será un día de fiesta porque la inauguración del nuevo régimen significará la muerte de aquel que se levantó a partir del empobrecimiento vergonzante de todo un pueblo para beneficio de unos cuantos, será un día de fiesta también, porque la llegada de esta nueva hegemonía marcará el final de una lucha iniciada en 1988.

Pero también hay incertidumbre, desazón, preocupa la pulsión por el autoritarismo y el centralismo del nuevo presidente, que se ha manifestado a través de hechos como la cancelación de una obra como el NAIM a partir de una consulta mal elaborada e instrumentada al margen de la ley, y la consolidación del método como forma de certificación democrática de políticas públicas a partir de una cosmética pátina de legitimidad aparente.

Preocupa la intención de militarizar la seguridad pública, la falta de comunicación y coordinación entre la fracción parlamentaria aliada al nuevo régimen que se traduce en costosos hierros para la economía nacional, preocupa la aparente ignorancia de los responsables del diseño de las nuevas políticas sociales y económicas en cuanto a su consideración de la situación real del país, preocupan y mucho, los desaires a los aliados de la sociedad civil y el menosprecio a la oposición partidista y a la prensa crítica.

Andrés Manuel llega a la primera magistratura del país investido de una legitimidad inusitada en la época actual, dueño del caudal inmenso que representa ser el líder de facto de una mayoría aplastante en ambas Cámaras legislativas, algo no visto desde las épocas de Jauja de la presidencia imperial, desde esa posición de privilegio seguramente su discurso de toma de posesión hablará de justicia social y será un llamado a la concordia nacional, incluirá, estamos seguros también, un mensaje de paz y buena voluntad al mercado.

Lejos estamos de la algarabía de la noche del triunfo electoral del 1 de julio, hay preocupación, zozobra, inquietud, elementos exógenos alarmantes sin duda también los hay, pero tenemos la esperanza y la convicción de que en este nuevo liderazgo impere la reflexión y el análisis sobre la pasión política y se nos permita a todos los mexicanos de bien participar en la construcción del nuevo México que todos esperamos.

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