Soñando espero

La esquina

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Perdón, vida de mi vida,
Perdón,si es que te he faltado,
Perdón, cariñito amado, ángel adorado,
Dame tu perdón…
Daniel Santos

No puedo imaginarme el cuadro que le vendió la izquierda new age al presidente López Obrador, esa izquierda wannabe, políticamente correcta, animalista, ecologista, decadente y clasemediera que lo rodea y cuya vocería, ahora se sabe, corre a cargo de la mismísima primera dama.

Esa tribu de eunucos que seguramente al primer tiro terminaría abajo de una mesa, pero que gesticulan triunfantes vestidos de chinas poblanas bigotonas mientras mueven furiosamente los ayoyotes amacizados a sus depiladas patas para llamar la atención presidencial.

¿Se imagina el tlatoani López Obrador acaso el festejo de los 500 añotes de la caída del Imperio Azteca forrado de plumas de Quetzal con pico de obsidiana presidiendo el cotarro?, la alegoría me parece entonces un ejercicio inevitable y vuelo sobre mis propias alas para prefigurarme la cósmica escena.

Dos reclinatorios, dos, uno para el papa y el otro para Felipe, postrados ambos de hinojos suplicando el perdón del México de todos los tiempos, todo esto en medio de un clima de chirimias y teponaztles y de ribete, en el meritíto pinche ombligo de nuestra Plaza Mayor, nomás.

El huehue Peje oteando el espectáculo moviendo solamente los oclayos cual bailarina balinesa de un lado a otro para no ondear el tocado, no vaya a ser, irguiéndose como un pavo real muy alto sobre los lomos de Monreal y Delgado, que a gatas lucirían sendas tilmas y taparrabos forrados con lentejuelas y oro de La Lagunilla, haciendo las veces de sandalias gigantescas para el patón de Macuspana.

Las casas del huehue Moctezuma sombrean la acera del lado oeste luciendo los majestuosos volcanes al fondo, mientras que el ambiente se inunda con los aromas a carnitas achicaladas que sueltan los corazones achicharronados de los millones de fifis que humean en los braceros del Templo Mayor, bañando con su seca fumarola las chompetas de ellos mismos, que cual calaveritas de azúcar, cuelgan muy ordenadas en los tzompantlis frente al templo de Quetzalcóatl.

En medio del éxtasis colectivo  baja las escalinatas en andas nuestro rock star vintage para otorgar su sagrado perdón asistido por El Fisgón y Taibo, mientras Jesusa Rodríguez, con un rictus de mafufa ninfómana recién pelada de La Castañeda quema copal al frente de la comitiva, y ya, allá en la retaguardia cual cola de perro faldero, El Noroñas se bate las barbas embadurnadas de mole seco y trozos del ADN capilar de los 50 PRIANISTAS que entre eructos de satisfacción jariosa dejó amontonados a los pies del templo.

La vida es sueño escribió Calderon de La Barca quien por cierto murió sin disculparse, ¡pero ya es hora de despertar por vida de Dios!

Jorge Sierra Rios

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