Retos del Nuevo Proyecto de Nacion

El autor es Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

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Sin sorpresas y después de 40 años de bregar por todo el país, finalmente, Andrés Manuel López Obrador tomó la protesta de ley como Presidente Constitucional de México, refrendando en su mensaje político en el Congreso su Proyecto de Nación largamente anunciado: la Cuarta Transformación, aspirando emular a los héroes de la Independencia, la Reforma y la Revolución que marcaron el rumbo del país.

De entrada, planteó dos grandes líneas de gobierno: el combate a la corrupción y el cambio de modelo neoliberal.

En primera línea, nada fácil, intentará cambiar de raíz la arraigada tradición de funcionarios y empresarios de aprovecharse del erario para abultar riquezas mal habidas, costumbre marcada por una cada vez más creciente desigualdad social y concentración de la riqueza en pocas manos, del enorme endeudamiento público (10 billones de pesos), el aumento de la canasta básica y los energéticos, así como de un deterioro gradual de la seguridad social, la salud y la educación.

La corrupción en México es intrínseca al modelo neoliberal de la economía, que AMLO intentará cambiar. Ambos, corrupción y neoliberalismo, cohabitan estrecha mente.

Destaca el giro en la política social que el Presidente impondrá al subsidiar la pobreza mediante el apoyo económico a jóvenes pauperizados, a personas con discapacidad y a personas adultas mayores, y la inauguración de una nueva forma de democracia participativa con sus –hasta ahora- limitadas consultas populares, por lo que sus opositores lo llaman “populista”.

Ahora, veremos si el PRI y el PAN sabrán ser verdadera oposición, ya que no es lo mismo cuando se alternaban en el poder con casi todas las decisiones ya tomadas en las cúpulas política y económica. Igual, veremos si Morena será mayoría responsable.

Evidentemente este proyecto provoca reacciones diversas y el Presidente no va a encontrar un camino fácil. Pero como ningún otro Mandatario en la historia del país, AMLO cuenta por ahora con un enorme apoyo popular, que es su baluarte y mayor capital político, lo que le da gran capacidad de maniobra. “No me dejen sólo, porque sin ustedes yo no valgo nada…”, llamado en su mensaje del 1º de diciembre en el Zócalo ante representantes de los pueblos originarios.

El PAN, que atraviesa por una fuerte división interna, intentó tomar la iniciativa con una tibia protesta en el Congreso por la visita de Maduro, mezclando imágenes de Hitler y de Stalin para afirmar que el Mandatario venezolano es un dictador, protesta desarticulada por la intencional ausencia de éste en el recinto de San Lázaro. Además, la exigencia del PAN mediante carteles de que AMLO baje el precio de los combustibles, obteniendo como respuesta de éste a medio discurso: “… los que aumentaron el precio de las gasolinas están pidiendo que baje”.

Grupos conservadores realizaron ayer domingo una marcha del Ángel de la Independencia al Monumento a la Revolución, mezclando demandas contra el NAICM, contra las consultas “a modo”, contra el nombramiento de los superdelegados federales en los estados, contra la presencia de Maduro en México, contra el autoritarismo y por la democracia y el federalismo.

El dirigente nacional de la Coparmex, el mexicalense Gustavo de Hoyos Walther, pasó a la ofensiva intentando tomar la vanguardia como oposición al nuevo gobierno, al manifestar en entrevista de prensa que “hemos escuchado el mensaje de toma de posesión del Presidente, es un mensaje que tiene un saldo claramente negativo, escuchamos expresiones polarizantes y maniqueas, cargadas de ideología retrógrada. Preocupa la forma en que se descartan reformas hechas en el país en el ámbito energético y en el educativo”.

Es evidente que el discurso de De Hoyos se da en respuesta al dicho del Presidente sobre “separar la política de la economía”, ya que de concretarse esto, uno de los ejes de la política del nuevo gobierno, se acabará la hegemonía del capital financiero internacional y de la oligarquía nacional sobre las políticas económica y social en México. Pasar del discurso a los hechos, tarea nada fácil que AMLO se ha echado a cuestas, requiere tejer fino y de gran apoyo social por los fuertes intereses que afectará.

Otro escollo que enfrentará AMLO es con el campo de los derechos humanos local e internacional, por su proyecto de formar la Guardia Nacional con policía militar, policía naval y policía federal bajo mando militar, según, para paliar la creciente criminalidad e inseguridad, justo cuando la militarización de la Seguridad Pública ha agudizado la violencia y las violaciones graves a los derechos humanos en los últimos dos sexenios. Para lograr su propósito, el Presidente requerirá concretar 13 reformas constitucionales, cosa nada fácil. Así también, por su oposición para promover una Fiscalía autónoma.

Y todavía falta el manejo de la política exterior, principalmente con el voluble y peligroso Donald Trump, con quien tendrá que lidiar la relación económica y comercial y los asuntos de Seguridad Nacional de los EUA en los que Trump no cederá ante México: la inmigración y el combate a las drogas.

Así pues, con su peculiar estilo y sus empecinadas ideas, AMLO se ha propuesto reconstruir el tejido social del país sobre sus cenizas, con una nueva oposición aún desarticulada.

Esto apenas comienza.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

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