Reflexiones 1

La esquina

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Un día, imposible saber cual, perdimos nuestras ciudades, simplemente lo dejamos llegar, la apatía, el desinterés, la falta de solidaridad, el egoísmo o todo junto nos llevó a este estado en el que cualquier tipo de violencia, cualquiera inimaginable antes, forma parte de nuestra cotidianidad, de nuestro día a día, de la realidad que habitamos actualmente.

Imaginamos nuestros cotos o condominios como fortalezas asépticas, impenetrables castillos en medio de esa jungla prodigiosamente furiosa que entre todos hemos ido creando, un verdadero reto a nuestra integridad, la de nuestra familia o amigos penetrarla para llegar a nuestro destino, cualquiera que esté sea, la escuela, el trabajo, el restorán.

¿Cuantos de nosotros no hemos sido víctimas de nosotros mismos en ese contexto?, porque es imposible disociar nuestra participación directa en el drama fundamental que padecemos, la violencia que vivimos no es más que una consecuencia de nuestros no-actos.

Nuestra tolerancia, nuestra responsabilidad, nuestra honestidad y sobre todo nuestra solidaridad solamente alcanza nuestro universo chiquito, tan chiquito, que pareciera ser que queremos permanecer chiquitos para pasar desapercibidos delante de las fauces de la jauría de feroces bestias iracundas que paciente y diligentemente hemos ido amamantado todos con nuestra irresponsabilidad social.

 

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