No es una lista más de buenos deseos feministas para año nuevo

La autora es politóloga feminista

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Los últimos dos años, como parte de la labor que desempeño en Fondo Semillas, tuve la oportunidad de conocer y acompañar, junto al hermoso equipo del Área de Programas de dicha organización feminista, a más de 100 organizaciones de mujeres en todo el país. Los aprendizajes son incontables y mi agradecimiento a cada una de las mujeres guerreras que conocí es infinito.

Parto de dicha experiencia para formular algunas propuestas de intenciones y propósitos que como activistas y como parte de colectividades diversas podemos conversar, con la intención de cocrear condiciones más sanas, sostenibles y felices de realizar nuestro trabajo, nuestro activismo.

P.D. Son seis intenciones y no doce porque valen por dos cada una y porque no cabían todos en esta entrega.

  1. Autoreconocimiento y reconocimiento de las otras. Un elemento preocupantemente constante que he visto entre las activistas y las organizaciones de mujeres, es el trabajo que nos cuesta reconocer la chamba tan importante que hacemos. No reconocernos implica no valorarnos y por ende no cuidarnos. Y aunque parezca cliché, aquí también aplica el “ámate primero”, pues de otra manera será difícil aprender a reconocer, agradecer y apreciar el trabajo de las otras. Reconocer lo que hacemos, también nos dota de herramientas saludables para construir nuestras propias formas de hacer activismo, por ejemplo: definir nuestros límites y aprender a respetar los de las demás.
  2. Trabajo interno personal/colectivo. Solemos darle mayor valor al activismo que realizamos hacia afuera y para las demás, que al cuidado de nosotras mismas y al interior de nuestras colectividades. Sin embargo, la ausencia de este trabajo interno, con el tiempo va mermando nuestros vínculos y nuestros activismos, además nos coloca en escenarios de riesgo que atentan contra nuestra salud en todas sus dimensiones: física, mental, emocional. Aunque no lo queremos decir mucho, nos hemos construido un estereotipo de ser activista y feminista que nos vemos constantemente presionadas a cumplir, que irónicamente reproduce los roles tradicionales asignados a las mujeres: hacer por los demás a costa de nosotras mismas. La propuesta es  empezar a mirar el trabajo al interior de nuestras colectividades como una tarea indispensable, comprometida y profundamente política.
  3. Construir confianzas entre nosotras. Diversos elementos influyen en la sobrecarga de trabajo que generalmente tenemos como activistas, uno de ellos he notado que viene de la desconfianza en las otras que nos rodean. Es difícil pero hay que aceptar que a veces nos da por pensar o actuar como si creyéramos que solo nosotras podemos y tenemos que resolver algo y desconfiamos de la capacidad de las otras para hacerlo, entonces terminamos por acaparar las tareas o fiscalizando la tarea de las demás. Otro ejemplo de la falta de confianza que solemos fomentar en nuestras colectividades es el obstaculizar o no trabajar los relevos generacionales. Negar la posibilidad de que otras personas, personas jóvenes, tomen en sus propias manos tareas que hemos creído que solo podemos hacer bien nosotras, no confiar en nuestras compañeras para hacerlo, es atentar contra la sostenibilidad de la colectividad y contra la salud propia.
  4. Planeación y miradas a largo plazo. El contexto en el que vivimos, las dinámicas de los financiamientos, la condición de precarización en la que generalmente vivimos las activistas nos ha hecho aprender a actuar para resolver lo urgente. Programamos actividades para el año que viene, a veces logramos hacer un plan a dos o tres años, pero esto no está siendo suficiente. Este activismo de la emergencia es insostenible y profundamente riesgoso. ¿Cómo le hacemos para transitar en la construcción de proyectos políticos de largo aliento, que aporten a la sostenibilidad en el tiempo de nuestras colectividades y que al mismo tiempo nos permitan hacer frente a la precariedad impuesta? Conversemos esto entre nosotras, muchas seguramente ya han construido alternativas como la autogestión o las construcción de redes de apoyo. ¿Qué más?
  5. Tejer cercanías y gestionar distancias.  Esta idea la he escuchado mucho de Raquel Gutiérrez y va mucho más allá de una estrategia, es un crear mundos. “La producción colectiva de sentido de inclusión no es algo dado, hay que coproducirlo una y otra vez, nos tenemos que volver expertas en cultivar el vínculo y gestionar la distancia. Porque si lo que quiero es generar movimiento, es posible que discrepe completamente contigo pero no te voy a ofender, te voy a tratar de escuchar, voy a gestionar una distancia pero no voy a establecer una tutela.” No creo que sea necesario decir nada más sobre esto, me brillan los ojos de imaginar lo sanador que le puede resultar este trabajo a Feministlán.
  6. Disfrutar. Sí, sí, ya sé que está muy complicado disfrutar si estamos todo el tiempo luchando contras un sistema económico y político que cada día asesina a 9 de nosotras. Pero, es insostenible trabajar solo desde el miedo y el coraje. Procurar hacer cosas que nos hagan sentir bien es muy importante. Parar de vez en cuando y preguntarnos si nos estamos sintiendo bien con lo que estamos haciendo es necesario para continuar, para no quemarnos, para no deprimirnos. Comer con tus amigas, hacer ejercicio, echarte unos tragos con tu colectiva, estar con tu pareja o parejas, coger, bailar, cantar. Ese es mi deseo número uno, que este año podamos disfrutar más que los años anteriores. Sé que todas saben la consigna “si no puedo bailar no es mi revolución”, pero este año que viene ¿podemos llevarla a la práctica?

Disfruten sus fiestas, discutan lo que quieran y den el avión a lo que necesiten, elijan las luchas que quieren dar. Y vístanse de verde porque ¡Se va a caer!

*Dirce Navarrete Pérez es politóloga feminista @agateofobia_

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