Los desaparecedores de Tamaulipas

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  • Columna: En el Punto
México-DF  Abril 22 de 2011
-Antonio González Díaz-
El 13 de abril de 2010, Roberto García Hernández tenía una cita con el destino que alguien más trazó para él. Su familia lo acompañó a la ciudad de Acámbaro, en Guanajuato, para comprar afuera de la tienda Soriana un boleto de autobús. En ese lugar fue llevado a bordo de una camioneta de la línea Eclipse hacia la población de El Fresno en Apaseo El Alto donde tomaría un autobús hacia Houston, Texas.
Sin embargo, Roberto nunca llegó.
La familia preocupada acudió con el gerente de la línea de autobuses, Rogelio Sánchez Galán, alcalde de Jerécuaro, Guanajuato. Aunque él nunca los atendió, los parientes fueron informados que el camión había sufrido una descompostura antes de llegar a Nuevo Laredo, Tamaulipas. Días después la versión cambió: el autobús fue secuestrado y no se sabía nada de él, de los dos choferes ni de los pasajeros que en él viajaban.
Hoy se cumple un año de la desaparición de Roberto y no hay rastro de él.
Hace también un año, el 5 de abril, un grupo de 45 personas, algunos de Querétaro, otros de Michoacán y el resto centroamericanos, salió de Querétaro hacia Altar, Sonora, con la intención de ingresar ilegalmente hacia los Estados Unidos de Norteamérica.
Otro grupo de siete personas salió de Pinal de Amoles, también Querétaro, el mismo día, al mismo destino pero con diferente ruta.
El 17 de marzo de ese mismo año, 17 personas de Landa de Matamoros, Querétaro, salieron con rumbo a Tamaulipas.
A todos ellos se les advirtió llevaran entre mil 500 y 2 mil pesos para pagarle a diferentes grupos delictivos el “derecho” de seguir su camino hacia el Norte.
Los tres vehículos corrieron con la misma suerte: desaparecieron y tampoco se sabe nada de los ocupantes.
Tal parece que en Tamaulipas los autobuses se evaporan, sus ocupantes pueden ser secuestrados, trasladados a cualquier hora del día en grupos masivos, torturados y asesinados sin que nadie escuche, vea y lamentablemente haga nada.
“Si el gobernador Egidio tiene miedo, imagínese como estamos todos los demás”, me refiere un habitante del estado, donde en esta semana fueron hallados 116 cadáveres inhumados clandestinamente. Se trataba de personas que viajaron hacia Reynosa a bordo de autobuses de pasajeros que partieron entre el 19 y el 31 de marzo de este año.
La noticia surgió apenas salíamos del shock del hallazgo en agosto de 2010 de 72 migrantes centroamericanos semienterrados en ese mismo lugar, el municipio de San Fernando, Tamaulipas.
Pero ante un gobierno estatal de rodillas, asolado por la delincuencia que asesinó a su candidato a la gubernatura, el patrullaje inexistente de la Policía Estatal y Municipal, Tamaulipas se ha vuelto una tierra donde las reglas del Cartel del Golfo y sus rivales Los Zetas, rigen y delinean el rumbo del estado.
La muestra es San Fernando, localizado estratégicamente en la zona conocida como la i griega donde bifurcan los caminos hacia Nuevo Laredo o Reynosa. No hay forma de pasar hacia aquellas ciudades sin cruzar por San Fernando, a menos que se quiera tomar un camino que implica cuatro horas extra de viaje.
Es ahí donde los grupos delictivos han instalado sus zonas de operación. Detienen la marcha de los autobuses, cobran derecho de peaje, secuestran a sus tripulantes para obtener de sus familias dinero o simplemente los obligan a integrarse a sus filas para delinquir en su guerra intestina que ha tomado como campo de batalla ciudades como Tampico, Ciudad Mier y Nuevo Laredo en Tamaulipas, así como en Monterrey, Santa Catarina y Guadalupe, en Nuevo León.
La opción ante la negativa es la muerte.
Allí han desaparecido cientos de personas, mexicanas y centroamericanas. Allí se han evaporado decenas de autobuses de las líneas Omnibus de México, Transpaís y Grupo Senda, sin que sus dueños presenten una denuncia formal.
Allí mismo es donde patrullan camionetas con las siglas CDG y cada que se encuentran con Los Zetas se genera una carnicería.
En Tamaulipas, sí ahí, es donde los periodistas en su mayoría han desistido de la investigación y la denuncia, donde han sido obligados a silenciarse a cambio de su vida.
En el ahora conocido como Mataulipas, si, ahí, es donde se han contabilizado 153 averiguaciones previas por secuestro por parte de la Procuraduría General de la República (PGR) entre diciembre de 2006 y agosto de 2010.
En Tamaulipas, sí ahí, es el sitio donde los altos mandos del Ejército señalaron que tan solo en el 2010 fueron contabilizadas mil 700 desapariciones forzadas.
En Tamaulipas, sí ahí, es donde en el 2009, de acuerdo con el periódico Excelsior a través de una solicitud de acceso a la información, de 3 mil 580 personas acusadas de vínculos con los cárteles que se disputan el territorio, 2 mil 83 fueron liberadas, la PGR consignó a mil 418 y solamente fueron sentenciadas 616.
En Tamaulipas, sí ahí, es donde la gente no puede salir a las calles a manifestarse, es donde no hay quien levante la voz en marchas, es donde el miedo los ha hecho llorar en silencio, bajito, sin que nadie  los escuche y atienda de verdad.
Tamaulipas, sí, hasta acá, es donde se queda tan lejos de la justicia y del repudio de quien decide que una muerte es más importante que otra.
Tamaulipas, sí, aquí, es donde cualquiera puede ser tragado por la tierra… y jamás vuelto a ver.
Twitter: @thonydiaz
Desapariciones
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