La migración masiva de centroamericanos

El autor es Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

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La caravana huye de la miseria y de los horrores de los que Estados Unidos es responsable | Noam Chomsky

La inmigración de personas de todo el mundo hacia los Estados Unidos de América (EUA) ha sido una constante desde antes de su independencia, nación forjada por inmigrantes. Más de doscientos años de flujo migratorio han atestiguado la llegada, primero, de ingleses, irlandeses, alemanes y polacos. Destaca la masiva llegada de esclavos llevados desde el Continente Africano. A mediados del S. XIX y principios del XX arribaron polacos, italianos, irlandeses y escandinavos.

Tras la Segunda Guerra Mundial fueron canadienses, chinos y mexicanos, estos últimos, por el el Programa Bracero. A partir de la década de los setentas ingresaron inmigrantes de la India, Europa del Este, Medio Oriente, Cuba y Centroamérica. México, con un flujo migratorio constante y creciente de indocumentados.

La inmigración de Centroamericanos hacia los EUA se intensifica a partir de los movimientos sociales de los 80, particularmente del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua y del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional en El Salvador.

Ante la influencia de la Revolución Cubana y de los movimientos sociales, los EUA impusieron en Centroamérica a gobernantes a modo, mediante el fraude electoral, golpes de Estado como en Nicaragua, Panamá, El Salvador, Guatemala y Honduras y otros métodos ilegales.

Al arribar los Sandinistas al poder en Nicaragua, la ayuda norteamericana a la “contra” provino de tres fuentes: la CIA, el tráfico de armas a Irán y el tráfico de drogas desde Colombia, con Pablo Escobar como socio, colaborando en ello cubanos exiliados en Miami.

El tráfico de drogas y la extrema violencia en Centroamérica fueron impulsadas por Ronald Reagan por conducto de Oliver North mediante una operación ilegal y clandestina, entregando armas a Irán, enemigo jurado de los EUA, a cambio de obtener recursos ilegales a espaldas del Congreso, recursos destinados a financiar a los “contras” nicaraguenses, mercenarios contratados para desestabilizar a los Sandinistas, escándalo conocido como el “Irangate” o “Irán-contras”.

Una vez firmada la paz en Centroamérica por iniciativa del Grupo Contadora (México, Venezuela, Colombia y Panamá, firmándose el Acta de Paz en 1986), se desató otra guerra sorda, una persecución y cobros de facturas violentos entre guerrilleros, contras, militares, paramilitares y narcos, huyendo hacia los EUA miles de personas desde Guatemala, Honduras y El Salvador.

Los jóvenes centroamericanos y mexicanos indocumentados que vivían en los suburbios de ciudades como Los Ángeles, formaron “gangas” que dieron origen a las tenebrosas “Maras”, que comenzaron a ser deportados por efecto de la Ley de Inmigración Ilegal de Clinton, de 1997, criminalizando el ingreso indocumentado y expulsando a esos jóvenes a sus países de origen (México, El Salvador, Guatemala y Honduras), involucrándose con bandas del crimen organizado en medio de una violencia exacerbada por los ánimos de venganza derivada de la guerra sucia.

Al cuadro anterior habrá que agregar lo que atinadamente dice Noam Chomsky sobre Honduras, “la fuente más extrema de migrantes en este momento”. Chomsky recordó que, si bien siempre fue amargamente oprimido, en 2009 tenía “un presidente moderadamente reformista”, Manuel Zelaya, que fue expulsado tras un golpe militar “condenado severamente en todo el hemisferio, con una excepción notable: los EUA”.

El Gobierno de Barack Obama se negó a llamarlo golpe militar porque si lo hubieran hecho, la ley lo habría obligado a retirar los fondos al régimen militar que estaba imponiendo un “terror brutal”, agregando Chomsky que, en consecuencia, Honduras se convirtió “en la capital mundial del asesinato”.

Y para rematar, los EUA tiene una grave responsabilidad respecto a lo que sucede en Centroamérica, porque, bajo pena de retirar los apoyos económicos a esas alicaídas economías, impone el modelo económico neoliberal desde los centros financieros internacionales, así como el modelo de “Seguridad” diseñado desde el Comando Sur (en México y Centroamérica, por conducto de la “Iniciativa Mérida”). Bajo esta visión, que se exacerba con los mensajes fascistoides de Trump al electorado estadunidense, los inmigrantes “ilegales” son una amenaza para la Seguridad Nacional de los EUA por lo que hay que impedir que lleguen a ese país.

El origen de la migración en el hemisferio se debe también a la demanda de mano de obra barata “ilegal” en el mercado laboral de los EUA, que, aun siendo la más barata en ese mercado, paga mejor que en los países de origen, cuya población sufre condiciones extremas de miseria, explotación laboral y violencia.  Así, la subsistencia de familias enteras depende de las remesas que envían los inmigrantes de los EUA. En 2017, en Honduras, representaron $4,330 millones de dólares.

Llama la atención que muchos internautas, casi con las mismas palabras de Trump, rechazan mediante sentimientos xenofóbicos, racistas y de miedo a las caravanas migrantes, que son desplazamientos forzados de personas; algunos se pregunten por qué no se van a Venezuela, por qué vienen a México a robar y a quitarnos nuestros trabajos, etc., evidenciando falta de solidaridad y un desconocimiento profundo sobre las consecuencias del modelo capitalista neoliberal impuesto a sangre y fuego en América Latina.

La emigración de mexicanos y centroamericanos hacia los EUA lleva años; son trabajadores migratorios y sus familiares, no ilegales ni criminales. La diferencia es que hoy no vienen solos sino en caravana para protegerse y evitar ser víctima de criminales, de policías y de la migra mexicana.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

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