Es el diseño universal una llave obligada para la inclusión

Un chocolate caliente para empezar

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La discapacidad vista desde un enfoque médico tiene que ver con las deficiencias de carácter físico que afectan la realización de tareas básicas de la vida diaria, algo que puede darse de manera temporal o permanente como resultado de un accidente, acto violento, enfermedad o ser de origen congénito.

A la conceptualización anterior, se le debe agregar que es el entorno social parte de la causa, lo que da como posibilidad de razonamiento el que la discriminación se da desde el hogar, la comunidad y cualquier espacio en el que se esperaría hubiese personas.

En ese sentido, la forma en que está hecho el mundo, es lo puede desencadenar rechazo y condicionamiento al libre ejercicio y disfrute de los derechos que como mujer u hombre se tienen, algo que se marca más de manera negativa desde la perspectiva de quienes por ignorancia, desconocimiento o miedo limitan, evitan o niegan la realización de cualquier segmento de la población en situación vulnerable.

Esa alteración y violación a una prerrogativa inherente, no siempre tiene que ver con el intento de una vinculación o relación de individuos en tiempo real, pues en la mayoría de los casos se da con lo construido, hecho o fabricado para las mayorías que parecen tener un mayor peso legal que las aparentes minorías.

Ante la adversidad y realidad inminente, el diseño universal puede y debe ser parte de la inclusión, pues en la implementación de los principios ligados a la accesibilidad y movilidad, permitiría la autonomía, autosuficiencia e independencia de cualquier que por meses o años hubiese vivido bajo la sombra o el yugo de la opresión asistencialista.

Al respecto cabe destacar que al inicio de noviembre la diputada de Morena, Erika Mariana Rosas Uribe, presentó una iniciativa con el propósito de reformar la Ley General de Turismo para garantizar la adecuación de los entornos, productos y servicios de modo que permitan el acceso, uso y disfrute a todos los usuarios bajo los criterios mencionados, en cuanto a cómo deben ser las cosas, sin exclusión.

Se trata con esto que tanto hoteles, restaurantes y vehículos, para iniciar deben adaptarse para ser usados por niños, jóvenes y adultos, sin que estructura biológica o corporal o la parte cognitiva sean vistas como un pretexto para imputarles la discapacidad, tan sólo por ser diferentes en esos aspectos y dejar de lado su valor humano.

Esto tipo de acción legislativa debió haberse planteado, revisado, votado, aprobado e implementado desde que México ratificó la Convención por los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU) el 17 de enero de 2008, más aún luego de que en 2011 se publicara en México la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad y su Reglamento, sin embargo, poco de lo que en ambos documentos se escribió y firmó, se aplicó y cumplió.

Algo que tampoco se ha tomado en cuenta, es el consultar a las personas con discapacidad, meterlas en la agenda pública de cualquier tema y no sólo en lo que se piense y crea que deba ser, pues dicho está, “nada sobre nosotros, sin nosotros”.

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