El “NAIM” de Juárez

El autor es analista político

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Antonio Escandón era un poderoso empresario decimonónico, podríamos decir que era el Carlos Slim del siglo XIX mexicano, era banquero y también industrial, y había logrado del presidente Ignacio Comonfort la concesión para la construcción de la línea ferroviaria México-Veracruz, sería la primera del país, la guerra de Reforma dio al traste con lo previsto para el desarrollo del proyecto, pero Escandón aún así no se amilanó, previó una estratagema para cubrir su juego empresarial mediante la constitución de una sociedad mercantil en Londres cediendo un 30% de las acciones a sus circunstánciales socios ingleses, eso amarraría y daría fuerza a sus reclamaciones dado el caso, o sea, que el empresario tratándose de su fortuna no tenía remilgos patrioteros.

Porque como verá usted amigo lector, meter en medio de su apuesta a una potencia extranjera para proteger sus intereses habla del pragmatismo irremediablemente anti-nacionalista del emprendedor de marras.

Don Antonio y su hermano Pablo junto con Lorenzo de La Hidalga y otros ilustres mexicanos viajaron en comisión y muy derechitos para ofrecer en Miramar la corona del Segundo Imperio mexicano a Maximiliano de Habsburgo, una vez entronizado Don Max, Escandón pudo continuar con su proyecto ferroviario sin aparentes trabas para concluir durante la ocupación francesa solamente 41 km de los 200 del trayecto al puerto jarocho gracias a las contingencias propias de la guerra de intervención.

Y aquí viene lo realmente interesante, una vez bien frío el Emperador Maximiliano y con el la napoleónica aventura imperial mexicana, Juárez, que no tenia un pelo de tonto y era muy consiente de la importancia de este proyecto ferroviario para el futuro del país, procedió a indultar a la Compañía Imperial Ferroviaria, y no solo validó la concesión otorgada por el gobierno de Comonfort a Escandón, sino que además amplió incluso los beneficios y así, El Benemérito de Las Américas, pudo darse el lujo de inaugurar el tramo Puebla-Veracruz años más tarde, el honor de la inauguración de la totalidad del trayecto le correspondería a presidente Lerdo de Tejada.

He querido señalar en la redacción del presente artículo algunas precisiones sobre las traiciones de Don Antonio Escandón a nuestro México para precisar el hecho indiscutible de que Don Benito Juárez era mucho, pero mucho más que frases de bronce como las que citan por ahí.

Jorge Sierra Rios

 

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