El muro de Trump, promesa cumplida

El autor, Raúl Ramírez Baena es Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos

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Trump se reserva la autoridad para imponer los aranceles
si México no cumple con el acuerdo
Steve Mnuchin – Secretario del Tesoro

En el reciente acuerdo sobre migración suscrito entre los dos vecinos distantes, México no ganó nada, pero tampoco los Estados Unidos. Nosotros perdimos soberanía, los migrantes perdieron derechos, el pueblo estadunidense refrendó la pérdida de su título de campeón de los derechos civiles y la humanidad ve perder gradualmente el derecho de asilo a los refugiados. Hubo un solo ganador: Donald Trump.

Y no conforme con su triunfo con aroma a reelección, Trump amenaza con revelar más detalles del acuerdo con México “cuando sea oportuno”, dijo. La soga en el cuello.

Por si fuera poco, México tiene que pagar la barrera policíaca-militar en nuestras fronteras y en el resto del territorio nacional para contener a los centroamericanos y complacer al rubio magnate, distrayendo a los elementos de la Guardia Nacional de tareas urgentes de prevención de delitos graves, que van en aumento en el país, teniendo además que pagar las deportaciones masivas, la atención humanitaria y la satisfacción de los derechos sociales de los solicitantes de asilo en los Estados Unidos que esperan en nuestras ciudades fronterizas por su resolución (Remain in México), que puede tardar meses o años.

Y como ofrenda, el gobierno federal detiene a dos defensores de migrantes e interviene cuentas bancarias de otros activistas, como si fueran traficantes de personas.

Con este desventajoso acuerdo, México se convierte de facto en “Tercer País Seguro” (como deseaba Trump), en cancerbero de los Estados Unidos, en el contenedor y expulsor de una migración internacional cuyo objetivo son los Estados Unidos, no nuestro país, cuyo origen son las condiciones estructurales del precario desarrollo económico y social y de la corrupción de los gobernantes de esos países expulsores, condiciones impuestas por los propios Estados Unidos.

Las consecuencias de esta cesión más la creciente concentración de migrantes, pueden ser desastrosas en las fronteras nacionales y el interior del país por la saturación de los albergues y de las estaciones migratorias del INM, convertidas prácticamente en centros de detención. Además, el clima de xenofobia no está siendo contrarrestado por la parte oficial para sensibilizar a la población mexicana y frenar la discriminación contra los centroamericanos.

El estatus de los migrantes solicitantes de asilo

Aunque para los Estados Unidos la migración indocumentada ha sido tradicionalmente un asunto de Seguridad Nacional, injustamente comparada con el terrorismo y el tráfico de drogas, para los estándares internacionales no es un asunto de seguridad, sino de naturaleza social y humanitaria, y debe tratarse como tal, más aún porque este éxodo es un desplazamiento forzado derivado de las condiciones de inseguridad y de pobreza en Honduras, El Salvador, Guatemala y países del Caribe, principalmente. No es una migración económica típica, como estábamos acostumbrados a recibir en la frontera norte.

Así pues, no son “migrantes” en el amplio sentido de la palabra, sino desplazados de su lugar de origen que asumen su calidad de refugiados en tanto arriben al país al que solicitan el asilo político, en este caso, los Estados Unidos; por tanto, son sujetos de protección internacional. En su condición de refugiados, se acogen a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, que impone la obligación de respetar el principio de “no devolución” a su país de origen si está en riesgo su integridad. Y es precisamente este factor, motivado por la violencia y la pobreza, lo que los obliga a huir de sus comunidades en busca de refugio en otro país.

Ahora, con el acuerdo suscrito entre México y los Estados Unidos sobre migración (llamada hoy “migración irregular”) y ante la amenaza latente de imposiciones arancelarias, está por demás visto que la economía y el mercado están por encima de los derechos y de la dignidad de las personas en condición de movilidad.

¿Y si México no hubiera cedido en soberanía y en protección a los migrantes?

Al ganar las elecciones el año pasado, López Obrador marcó un giro en la política migratoria al destacar la protección a los derechos de las personas migrantes y una política de Estado con visión social y humanitaria, no criminalizante ni de contención de la migración indocumentada. Ya en el poder, en diciembre de 2018, México se adhirió al Pacto Mundial sobre Migración, como la mayoría de los países del mundo, en el que se destacan las ventajas económicas, sociales y culturales de las migraciones y la defensa irrestricta de los derechos de los migrantes.

De no haber cedido en principios el gobierno mexicano y haberse impuesto el arancel del 5 por ciento a las exportaciones al vecino del norte, muy probablemente Trump se hubiera dado un balazo en el pie por la oposición creciente a esa medida al interior de su país: legisladores y dirigentes de su partido, el Republicano; la oposición demócrata, el sector financiero, la poderosa industria automotriz que ya cabildeaba contra los aranceles y las grandes cadenas de autoservicio. Además, esto generó gran preocupación en otros sectores productivos estadunidenses por las medidas “espejo” que en reciprocidad México aplicaría a las importaciones de ese país. Estos sectores prevenían sobre una peligrosa recesión en los Estados Unidos que, incluso, pondría en riesgo la reelección de Trump.

Ahora Trump ya tiene su muro y como prometió, lo pagamos nosotros.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos

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