Depresión, “la muerte silenciosa”

El autor es subdirector de Blanco Y Negro y director de Noticias de Tijuana | Columna de Impacto

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Vanamente intentamos sobreponernos a las dificultades externas y a las limitaciones internas que nos provoca el estar inmersos en una depresión que no es otra cosa que un trastorno mental que no permite ver esperanza en donde si la hay.

Por ello, situaciones adversas como la de perder el trabajo, que tu pareja sentimental decida emprender su camino alejado del tuyo, se magnifican y golpean anímicamente a una mente cansada, agobiada y carente de valor.

Afortunadamente la vida nos brinda la maravillosa oportunidad de darnos cuenta de que podemos elegir entre caer o valorarnos tanto como nos sea posible, pues la vida continúa y con ello, nuestra oportunidad de vivir.

Básicamente a lo largo de mis 42 años, fui acumulando una infinidad de experiencias. Unas agradables, otras no tanto, pero lo importante es que cada una iba marcando y desarrollando lo que finalmente definiría lo que hoy es mi personalidad.

Curiosamente al alcanzar la madurez, perdí la capacidad de almacenar experiencias sin que éstas lograran hacerme daño.

Debo ser honesto al confesar que hasta hace poco tiempo, yo era de los hombres que pensaban que la depresión es una enfermedad de la mujer, ya que como hombres no podíamos darnos el lujo ni el tiempo de tratarla.

Nunca estuve tan equivocado en la vida, la venda que cubría mis ojos no permitió que buscara ayuda profesional en los momentos más críticos por los que en esos momentos pasaba y en donde por fin me alcanzaban las consecuencias de aquellas terribles experiencias acumuladas a lo largo de mi vida.

De pronto, ya envuelto en una crisis nerviosa, recordé que al ser humano se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino.

Es está libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito, de tal manera que aquellos que de alguna manera conocemos que la estrecha relación que existe en el estado de ánimo de una persona. Son sus valores y esperanzas lo que le dan la capacidad a su cuerpo de conservarse inmune.

Sabemos también, que si repentinamente perdemos esa esperanza y valor, ello puede ocasionarnos la muerte irremediablemente…

No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas, como la consciencia de tener una tarea o un propósito que llene de valor y esperanza su existencia.

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