Mensaje de Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Internacional de la Niña, 11 de octubre de 2018:

Este año, el Día Internacional de la Niña está dedicado al tema del empoderamiento a través de la educación. La educación de las niñas es un derecho fundamental, y es además un potente factor de desarrollo.

La educación de las niñas tiene que ver con los dos retos más importantes de nuestro tiempo: la educación y la igualdad de género. Está cobrando forma una conciencia colectiva para que el derecho a una educación de calidad para todas las niñas sea una realidad. En la Asamblea General de las Naciones Unidas, que tuvo lugar en Nueva York hace 15 días, se percibían señales claras de un compromiso político de alto nivel a este respecto, así como en la primera reunión del G-20 dedicada a la educación, celebrada el mes pasado en la Argentina. La reciente creación de una plataforma de alto nivel para la educación de las niñas por iniciativa del Commonwealth es una señal más de esta toma de conciencia a escala mundial.

Los desafíos siguen siendo inmensos. Actualmente, en todo el mundo, más de 130 millones de niñas en edad escolar no están escolarizadas. Además, de los 600 millones de adolescentes que se incorporarán al mercado laboral en el próximo decenio, más del 90% viven en países en desarrollo y trabajarán en un sector no formal de la economía, donde el trabajo no remunerado, el abuso y la explotación son más frecuentes.

Por ello, la UNESCO, como organismo coordinador del sistema de las Naciones Unidas para la educación en el marco de la Agenda 2030, trabaja con la comunidad internacional para lograr que las niñas puedan recibir 12 años de educación básica gratuita. La UNESCO trabaja para que los Estados incluyan en los programas educativos las cuestiones relativas a la igualdad de género, la salud y la sexualidad,  DG/ME/ID/2018/36 – pág. 2 a fin de romper los hábitos sociales y las representaciones colectivas que ponen trabas a la libertad de las niñas y constituyen obstáculos para su formación intelectual y su integración social y profesional.

La integración de las niñas en un mundo laboral en plena evolución pasa sobre todo por mejorar su acceso a los sectores científicos y tecnológicos en los que suelen estar insuficientemente representadas.

A fin de fomentar pedagogías innovadoras que ayuden a las niñas a adquirir la confianza necesaria y que contribuyan a reducir las desigualdades de género, la UNESCO creó en 2015, con el apoyo del Gobierno de la República Popular China, un Premio UNESCO de Educación de las Niñas y las Mujeres. Este año, el Premio se concede a la Fundación Misr El Kheir (Egipto), por su apoyo a la educación de las niñas en comunidades pobres, y al Centro para la Mujer de la Fundación Jamaicana (Jamaica), con objeto de que siga prestando su ayuda a las adolescentes embarazadas y a las madres jóvenes de Jamaica para que tengan una segunda oportunidad de continuar su educación.

Estas iniciativas deben servirnos de inspiración. La educación de las niñas debe ser una de nuestras prioridades. Porque de ella dependen en gran medida la paz y la prosperidad de nuestro mundo.

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