Hermosillo – Sonora | Natalia Vidales – SemMéxico

Ayer se llevó a cabo el segundo debate presidencial y una de sus principales características, fue la ausencia de Margarita Zavala, la única candidata mujer y una de los dos candidatos independientes de la contienda electoral. Hay, de nuevo, ausencia femenina en la contienda.

Sobre el debate, la novedad fue el formato con interacción de algunos ciudadanos que bien pudo capitalizarse pero faltó interacción con ellos. Sobre la conducción… hubo excesos en protagonismo sobre todo de Yuriria Sierra que parecía más Ministerio Público que conductora.

En general, y muy desafortunadamente, la labor de moderadores dejó mucho que desear pues permitieron la pérdida de seriedad y respeto del comportamiento de dos de los candidatos –AMLO y El Bronco-  quienes pensaron que estaban en un escenario de diversión y no  en un acto oficial electoral.  Se excedieron en sus payasadas sin que nadie les marcara el alto.

Ya sobre el desempeño de cada uno de los candidatos, nuevamente el más atacado fue el puntero que en esta ocasión de desenvolvió mejor, se contuvo más y tuvo otra actitud. Una mas flexible y hasta bromista.

Ricardo Anaya, tuvo una participación destacada por sus dotes de orador. Es un personaje que en su expresión cuida la forma aunque en ocasiones no cumple con el fondo. Ocupó buena parte de su tiempo, en atacar a AMLO y a Meade.

José Antonio Meade, habló mucho de su experiencia en las secretarías que ha encabezado pero no atinó a plantear propuestas reales. Se le vio mas suelto y también usó tiempo en atacar a AMLO y a Anaya.

Y por segunda ocasión, Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”, dio de qué hablar con sus “propuestas” descabelladas como la de una posible expropiación a Citi Banamex, lo que causó el asombro de casi todos los que lo escuchamos y risa ante tanta ocurrencia simplista.

Lo cierto es que estos ejercicios democráticos logran captar la atención de la sociedad y nos permiten conocer mejor a los candidatos y observar sus actitudes.

Sin embargo,  mientras haya quienes tomen a broma su participación –como los candidatos que ya mencionamos-  y no haya seriedad en la conducción… difícilmente se podrá avanzar en lo que es el objetivo de sus participaciones: conocer la actuación que tendrían en caso de llegar a la silla presidencial.

El Instituto Nacional Electoral debe tomar medidas para que no se repitan ni las poses protagónicas de los conductores, ni las ofensas y payasadas de los candidatos.

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