El neoliberalismo, parásito depredador del medio ambiente: Víctor Manuel Toledo

Debemos volcar a la Semarnat hacia los ciudadanos y hacia los colectivos, debemos ciudadanizar la política ambiental.

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Durante la conferencia de prensa encabezada por el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, el recién nombrado Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Víctor Manuel Toledo, expuso un amplio panorama crítico de las acciones y políticas que calificó como depredadoras y voraces contra el planeta y la vida, por lo que puntualizó la urgente necesidad de generar cambios contundentes desde la Semarnat junto a la sociedad mexicana, para detener el daño constante a la naturaleza.

Discurso de Víctor Manuel Toledo:

La preocupación medioambiental no es mas que la reaparición de la naturaleza, la Madre Tierra, la dimensión femenina de la humanidad en las socieades modernas como una fuerza que los seres humanos debemos tomar en cuenta y respetar para seguir existiendo, algo que debe decirse, quedó en el olvido

En efecto, la naturaleza estuvo presente en el imaginario de las culturales ancestrales como una entidad viva y sagrada donde sus origenes hace 300 mil años y fue solo con el advenimiento de la sociedad materialista, tecnocrática, patriarcal y mercantil que la naturaleza se convirtió en un ente a ser dominado y explotado, en un recurso natural externo, en un capital natural, en una máquina al ser analizada y escudriñada por el ojo frio, objetivamente frío, de una ciencia al servicio de la acumulación de la riqueza.

Así nos ha ido, así nos fue y así nos irá.

Esta conciencia ecológica que suma día con día a millones y millones de seres humanos en todo el mundo nos permite visualizar de maner diferente a la política, tres dimensiones alcanzo a visualizar.

Primero, bajo la perspectiva de la conciencia ecológica, la habitual geometría política de izquierdas y derechas desparece para ser reemplazada por una nueva y sola disyuntiva, no hay mas que políticas por la vida y políticas contra la vida o políticas hacia la muerte.
Visto globalmente, este dilema se traduce en políticas que enfrían el clima del planeta y políticas que lo calientan. Defendemos la vida o la continuamos aniquilando en nombre del mercado, la tecnología, el progreso, el desarrollo, el crecimiento económico y un largo etcétera.

Lo segundo es que ahora vemos el devenir, el transcurso del tiempo de otra manera. Ya no son años, décadas o sexenios, ahora están las miradas puestas en lo que pasará de aquí a un año clave, el 2050, solo 30 años. Para esa fecha, la humanidad alcanzará 9 mil millones de habitantes -es decir 2 mil millones más en tres décadas- el petróleo llegará a su fin-, la mitad de los países hoy en día ya está usando su última parte del petróleo y le van a seguir el gas, el carbón y el uranio.

El cambio climático que no se ha detenido a pesar de las advertencias de los científicos desde hace dos décadas, generará catástrofes de todo tipo y los alimentos que serán necesarios tendrán que generarse bajo métodos agroecológicos y no más bajo las pautas insanas y destructivas de la llamada agricultura moderna o industrial.

Lo tercero, surge de lo anterior y es que ello nos obliga a indagar la verdadera naturaleza de las fuerzas profundas que provocan este panorama actual y de futuro próximo y he aquí que coincidimos con la Cuarta Transformación, pues no somos los seres humanos los culpables de esta situación de crisis, como nos lo recuerda un ambientalismo superficial y una ciencia acrítica, sino los culpables son una minoría de minorías, parásita y depredadora y esa minoría tiene un nombre, se llama neoliberalismo.

Es pues esta visión la que a mi juicio debe orientar la política ambiental del país y su institución ejecutora; una política de emergencia y de restauración y de cuidado de los elementos vitales que los mexicanos requerimos día con día, como un derecho humano esencial: aire respirable, agua para todos, energía alternativa, no fósil, alimentos sanos, hábitats sanos, reciclaje de desechos, hogares sustentables, ciudades ordenadas. Pero también, acciones urgentes que permitan detener este transitar hacia el abismo, un destino que tendrán que enfrentar nuestros hijos y nuestros nietos.

¿Podremos lograrlo a través de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales?, creo que sí y antes que todo debemos recordar que la Secretaría del Medio Ambiente surgió hace 25 años como una medida que ubicaba a México en la tendencia mundial de disponer de instituciones y leyes en torno al asunto ambiental, un fenómeno que coincidió con el inicio y despliegue del neoliberalismo en todo el mundo y que generó una contradicción que han sufrido los países y que en el caso de México alcanzó proporciones dramáticas.

A través de los gobiernos neoliberales la política ambiental de México, que inició con bríos y notables avances, comenzó a perder aliento, se estancó, se fue desdibujando y terminó en descomposición, bajo presupuesto y actos de corrupción, inimaginables.

En el sexenio anterior por ejemplo, la Semarnat ya no fue encabezada por funcionarios capacitados y calificados, sino por mercaderes del sector automotriz y por un vendedor de autos de lujo. La Semarnat fue tomada por esa minoría depredadora y rapaz que hoy destruye a la naturaleza y al ambiente en una buena parte del país y del mundo, me refiero a las grandes corporaciones.

En el acto de mayor desverguenza -esto es muy importante-, la Semarnat, junto la Sagarpa, se pusieron del lado de las empresas biotecnológicas en los tribunales para detener la demanda legal que un grupo de 40 ciudadanos y varias organizaciones campesinas interpusimos contra la llegada del maíz transgénico hace cuatro años.

La pérdida del máiz en México por contaminación genética sería el quiebre de un proceso histórico de por lo menos 7 mil años. México es hoy soportado por la civilización mesoamericana y este legado cultural, como lo señala el Presidente, es fundamental.

Necesitamos pues rescatar a la Semarnat de esa inercia para ponerla al servicio de la sociedad mexicana, necesitamos promover leyes contra el fracking, el máiz transgénico y otros cultivos, por el agua para el uso humano, por la defensa de la biodiversidad, etcétera.

¿Qué tenemos de nuestro lado? muchas y muchos, primeramente un gobierno antinoliberal sustentando por 30 millones de votos y una sociedad cada vez más conciente que aglutina desde cientos, quizás miles de comunidades indígenas en resistencia ante los proyectos depredadores -lo que llamamos aquí el México Profundo, que además ahí están las claves en todo el mundo para salir de la crisis del mundo moderno-, hasta sectores urbanos, jóvenes de universidades, resistencias barriales, maestros democráticos, la Iglesia Católica que sigue la teología de la liberación y ecología.

Debemos volcar a la Semarnat hacia los ciudadanos y hacia los colectivos, debemos ciudadanizar la política ambiental.

El país también dispone de los suficientes talentos, expertos y especialistas en ciencia para fundamentar técnicamente las decisiones y las acciones de la Semarnat y para alcanzar una ciencia para la sustentabilidad con ética y con conciencia. Vamos a procurar resarcir esta calidad científica y tecnológica.

La última fortaleza es practicar el diálogo, como nos lo ha mostrado y demostrado el Presidente López Obrador en estos meses. Solo la crítica y la autocrítica bien templada logrará madurar a la sociedad mexicana.

Agradezco desde mi corazón al Presidente de este maravilloso país su confianza y amistad.

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