Derrame tóxico de Grupo México debe prender focos rojos

Hay mina en operación entre Mexicali y San Felipe

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El reciente derrame de 3 mil litros de ácido sulfúrico en Guaymas obliga a una mayor atención en inspección y vigilancia a la actividad minera, no olvidemos que en Baja California también hay una mina en operación entre Mexicali y San Felipe y otros sitios de menor escala, pero el impacto puede ser igual de importante.

Así lo recalcó el ingeniero José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA), luego del derrame tóxico de Grupo México en aguas del Mar de Cortés, opinando que las sanciones no parecen suficientemente útiles para mantener la guardia en alto y prevenir accidentes tecnológicos en el sector minero.

“Cierto que los 3 mil litros fueron fácilmente neutralizados en forma natural por la inmensa capacidad del mar, pero el incidente no debe considerarse cosa menor, no para la minería, no para Grupo México; recordemos que este mismo grupo, hace apenas unos pocos años, también en Sonora, derramó al Río otros 40 mil metros cúbicos de su presa de jales”, opinó.

Además, destacó Zavala Álvarez, han empezado a circular en internet fotografías y videos de distintas especies muertas, varadas en playas de Guaymas y San Carlos, por lo que este incidente debe prender focos rojos, ya que se afectó al Mar de Cortés, ese mismo que el legendario Jacques Cousteau llamó “el acuario del mundo”, por su gran diversidad biológica.

“Falta mayor atención en inspección y vigilancia, es una tarea pendiente de la autoridad ambiental, recordemos que, aunque no tenemos la intensa actividad minera de Sonora, aquí también tenemos una mina en operación entre Mexicali y San Felipe, y muchos sitios de minería a menor escala, pero el impacto puede ser igual de importante”, enfatizó.

En la región central del país, agregó, aún existe minería artesanal de oro que utiliza mercurio, con todo el riesgo ambiental y de salud que ello implica para los trabajadores; hay que preguntarnos si la minería es un riesgo necesario y, sobre todo, fortalecer las capacidades y recursos de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).

“El incidente en Guaymas nos recuerda la necesidad de destinar mayores recursos a la Profepa, ahora también en anemia por la austeridad en el gobierno federal; desde luego que aplaudimos el ahorro y eficiencia presupuestal, solo apostamos a que sea de manera puntual, aplicada en forma focalizada, para que no dañe el funcionamiento sustantivo”, dijo.

El también vicepresidente de Gestión Ambiental en la Cámara Nacional de Comercio de Tijuana dijo que la minería y su impacto ambiental son una vieja y no resuelta preocupación, porque la sociedad acepta y disfruta los productos derivados de la extracción minera sin reparar en el origen y los costos sociales y ambientales que se pagaron para tenerlos.

“Los yacimientos están donde están y no pueden ubicarse a voluntad en el sitio deseado, pero de nosotros depende aceptar el costo-beneficio o no, esperando que la minería sea cada vez más responsable y el avance tecnológico minimice los impactos ambientales hasta hacerlos aceptables socialmente”, remarcó el experto en gestión estratégica del desarrollo.

También hay proyectos mineros que no han progresado, informó Zavala Álvarez, precisamente por los riesgos, como la minería submarina Don Diego, en la costa del Pacífico de Baja California Sur, de fosforita, un insumo importante para la producción de fertilizantes, un proyecto que no se concretó por el impacto ambiental al lecho marino.

Asimismo, continuó, está el caso de Los Cardones, también en Baja California Sur, que no se desarrolló y aún sigue la controversia; sin embargo, no olvidemos que Grupo México tiene un gran yacimiento de cobre en El Arco, casi a la mitad de la península, tan importante como Cananea, no está aún en explotación, pero seguro un día lo estará.

“El gobierno mexicano ha reiterado la exigencia para que las empresas mineras extranjeras se comporten con los mismos estándares que en sus países de origen, no siempre con éxito, seguro por la débil inspección y vigilancia”, finalizó José Carmelo Zavala, quien cursó en el Colegio de México el Programa LEAD, para líderes comprometidos con el desarrollo sustentable.

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