Ni cieguitos, sorditos o muditos

El autor es director de CiudadTijuana y Grado MX, licenciado en Administración de Empresas y en Periodismo, así como miembro del Colegio de Comunicólogos de Baja California (ColComBC) y de la Canaco Tijuana.

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Tijuana-BC | Isaías Plascencia – CdTj

Una palabra tiene un peso considerable por su significado, pero una carga emocional mayor por la significancia, la forma, el modo y el momento cuando se emite el vocablo de manera oral o escrita.

De golpe iniciemos esto y diré que el término correcto para referirse a una mujer o un hombre que use bastón, silla de ruedas, no escuche, no vea, no hable, tarde en aprender, carezca de extremidades o parezca que vive en otro mundo, es “persona con discapacidad”.

De acuerdo a la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, acordada en 2011 durante la última parte del sexenio del panista Felipe Calderón Hinojosa y firmada por el entonces senador Manlio Fabio Beltrones Rivera, actual dirigente nacional del PRI, se expresa que al hablar de una persona con discapacidad, se entenderá que es alguien que por razón congénita o adquirida, presenta una o varias deficiencias de carácter físico, mental, intelectual o sensorial.

Además se indica que estas condiciones pueden ser permanentes o temporales y podrían impedir su inclusión en sociedad a partir de las barreras impuestas por el entorno social.

De antemano, desde la parte legal, no se refiere al individuo como “cieguito”, “mudito” o “sordito”, ni de otra manera que caiga en lo diminutivo o se pierda en lo despectivo, por lo tanto, dejémonos de polémicas, complicaciones existenciales y adornos faranduleros, la única forma aceptada en México y a nivel internacional es, una vez más, “persona con discapacidad”.

Todavía hay muchos funcionarios públicos, así como políticos, empresarios, docentes y hasta comunicadores que de manera errónea en sus discursos o notas se refieren a quienes forman parte de ese sector de la población como “personas especiales”, “personas con necesidades especiales” o la típica “persona con capacidades diferentes”, no obstante a pesar de advertencias, recomendaciones y capacitaciones, insisten en adornarse con esos calificativos peyorativos y excluyentes.

El Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad a manera de guía indica que no debe utilizarse “minusválido”, “incapaz” o “impedido” para dirigirse a alguien con discapacidad motriz; “sordomudo” o “sordito” en lugar de discapacidad auditiva; “invidente” o “cieguito” para sustituir discapacidad visual; “retrasado mental”, “mongol”, “tonto” o “tarado” como alternativa a discapacidad intelectual y menos emplear “loco”, “loquito” o “demente” cuando se trate de una persona con discapacidad psicosocial.

El que una persona presente una discapacidad, no significa que tenga una enfermedad, por lo tanto no debe tratársele con lástima recurriendo a vocablos con una falsa apariencia de amabilidad o humanidad, ni dirigirse a ella o él como “enfermita” o “enfermito”.

Alguien que no pueda escuchar, tendrá discapacidad auditiva, será sorda o sordo, pero nunca “sordomuda” a menos que biológicamente sus cuerdas vocales le impidan de manera natural generar sonidos articulados, entonces pudiese referírsele como muda y además de llegar a carecer de la capacidad para oír, entonces sí será válido utilizar la palabra compuesta “sordomuda”.

Pero que quede claro, no siempre alguien con sordera, será muda o mudo a la vez. Así que vale la pena pensar antes de soltar una barbaridad.

Algo más, tampoco es correcto referirnos a la gente “normal”, para diferenciarla de la que no es “normal”, porque con base a qué criterios puede alguien juzgar, evaluar y medir en qué punto inicia o se pierde la normalidad.

Cuándo se necesario hacer mención de las personas que no tienen discapacidad, puede utilizarse el término “persona convencional” y así separar en circunstancias particulares los conceptos a manejar, en cualquier otra situación, tendrá que usarse la palabra “persona”, la cual incluirá a todos.

Una cosa antes de que se olvide, las discapacidades no se pegan, así que promueva que todos saluden, atiendan, traten de manera incluyente, respetuosa y amable como lo harían con cualquier otra persona.

El remate: si alguien incumpliera con lo correcto, no espere a que la Nación se lo demande, usted hágalo en el momento, corrija, sancione, advierta o enseñe.

Fuentes: CNDH, Conadis, Prosor, Generación PRIISMA

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