Ni cieguita, mudito o enanita, sino persona con discapacidad

3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad

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Una palabra tiene un peso considerable por su significado, pero una carga emocional mayor por la significancia, la forma, el modo y el momento cuando se emite el vocablo de manera oral o escrita, sin dejar de la lado su alternativa visual expresada con imágenes.

De golpe iniciemos esto y diré que el término correcto para referirse a una mujer o un hombre que use bastón, silla de ruedas, no escuche, tenga talla muy baja, no vea, no hable, tarde en aprender, carezca de extremidades o parezca que vive en otro mundo, es “persona con discapacidad”.

De acuerdo a la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, acordada en 2011 (México) se expresa que al hablar de una persona con discapacidad, se entenderá que es alguien que por razón congénita o adquirida, presenta una o varias deficiencias de carácter físico, mental, intelectual o sensorial.

Además se indica que estas condiciones pueden ser permanentes o temporales y podrían impedir su inclusión en sociedad a partir de las barreras impuestas por el entorno social.

De antemano, desde la parte legal, no se refiere al individuo como “cieguito”, “mudito” o “sordito”, ni de otra manera que caiga en lo diminutivo o se pierda en lo despectivo, por lo tanto, dejémonos de polémicas, complicaciones existenciales y adornos faranduleros, la única forma aceptada en México y a nivel internacional es, una vez más, “persona con discapacidad”.

Todavía hay muchos funcionarios públicos, así como políticos, empresarios, docentes y hasta periodistas que de manera errónea en sus discursos o notas se refieren a quienes forman parte de ese sector de la población como “personas especiales”, “personas con necesidades especiales” o la típica “persona con capacidades diferentes”, no obstante a pesar de advertencias, recomendaciones y capacitaciones, insisten en adornarse con esos calificativos peyorativos y excluyentes.

El Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad a manera de guía indica que no debe utilizarse “minusválido”, “incapaz” o “impedido” para dirigirse a alguien con discapacidad motriz; “sordomudo” o “sordito” en lugar de discapacidad auditiva; “invidente” o “cieguito” para sustituir discapacidad visual; “retrasado mental”, “mongol”, “tonto” o “tarado” como alternativa a discapacidad intelectual y menos emplear “loco”, “loquito” o “demente” cuando se trate de una persona con discapacidad psicosocial.

El que una persona presente una discapacidad, no significa que tenga una enfermedad, por lo tanto no debe tratársele con lástima recurriendo a vocablos con una falsa apariencia de amabilidad o humanidad, ni dirigirse a ella o él como «enfermita» o «enfermito».

Alguien que no pueda escuchar, tendrá discapacidad auditiva, será sorda o sordo, pero nunca “sordomuda” a menos que biológicamente sus cuerdas vocales le impidan de manera natural generar sonidos articulados, entonces pudiese referírsele como muda y además de llegar a carecer de la capacidad para oír, entonces sí será válido utilizar la palabra compuesta “sordomuda”.

Pero que quede claro, no siempre alguien con sordera, será muda a la vez. Así que vale la pena pensar antes de soltar una barbaridad.

Tampoco debe olvidarse que una mujer u hombre que tenga una estatura muy por debajo de la media nacional conforme a la etapa de vida en que se encuentre y pueda tener un trastorno de crecimiento como la acondroplasia, no debe ser llamada «enanito», «chaparrita», «peque» o con cualquier palabra con una connotación de inferioridad, pues lo correcto es persona con o de talla baja.

Será igual de incorrecto referirse a la gente “normal”, para diferenciarla de la que no es “normal”, porque con base a qué criterios puede alguien juzgar, evaluar y medir en qué punto inicia o se pierde la normalidad. Lo mejor es siempre hacer uso de la palabra “persona”, pues incluye a todas y todos, pero lo ideal es resaltar el nombre de cada mujer y hombre, no su discapacidad.

Una cosa antes de que se olvide, las discapacidades no se pegan, por tanto promueve que todos saluden, atiendan, traten de manera incluyente, respetuosa y amable como lo harían con cualquier otra gente.

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