En una casa sencilla de cuatro habitaciones ubicada en la zona central de Manaos, Yelitza* es siempre la primera en despertar y prepara el desayuno para las otras cinco mujeres con quienes comparte el mismo techo.

Después del desayuno, las seis inquilinas recogen sus utensilios y parten para otro día de trabajo en las calles de la capital amazonense, donde venden agua mineral y “dindin”, un dulce congelado de diferentes sabores que se asemeja a una paleta. Al final de la tarde, todas regresan a la casa para comer, descansar, conversar y prepararse para el próximo día.

Esta rutina simple, que recuerda el cotidiano de muchos hogares brasileños, es un gran avance en la vida de Yelitza y sus amigas venezolanas que viven en la Casa Miga, el primer albergue para personas refugiadas LGBTI de Brasil. El albergue es coordinado por la ONG Manifesta LGBTI+, con el apoyo del ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus socios. El grupo está compuesto por dos mujeres casadas y dos solteras.

Las seis venezolanas llegaron a Brasil a principios de este año y se establecieron inicialmente en Boa Vista (capital del Estado de Roraima), después de verse forzadas a abandonar su país debido a la inseguridad, la violencia y las dificultades socioeconómicas.

No todas se conocían en Venezuela, pero rápidamente formaron un grupo unido en la plaza donde coincidentemente se instalaron, y donde vivieron por tres meses antes de ser remitidas a uno de los albergues públicos para solicitantes de asilo y migrantes de Venezuela, apoyados por el Gobierno Federal.

“En Venezuela, no nos sentíamos protegidas. Había mucho preconcepto y no podíamos contar con ayuda si nos agredían o insultaban. En Brasil, oímos de la propia policía una conferencia sobre la ley de combate a la violencia contra las mujeres y sabemos que existen políticas públicas para la población LGBTI”, afirma Gabriela*, una de las que más habla del grupo.

En Boa Vista, en el albergue al que fueron llevadas, recibieron información sobre el proceso de reubicación, implementado por el Gobierno Federal con el apoyo del ACNUR y de otras agencias de la ONU para reubicar a venezolanos en otras ciudades del país con mejores perspectivas de integración. Y optaron por Manaos.

Al llegar a la capital amazónica a bordo de un avión de la Fuerza Aérea Brasileña, el grupo fue alojado en uno de los albergues públicos de la ciudad. Pero esta todavía no sería una solución para ellas, que pasaron a ser discriminadas por otros venezolanos en el lugar.

“Decían que éramos un mal ejemplo para los niños y las familias. Así que pedimos al ACNUR salir de allí”, cuenta Yasmira*, una de las habitantes de la Casa Miga. “Temíamos crear algún conflicto con los demás y queríamos un lugar donde pudiéramos sentirnos bien”, añade.

La opción de la Casa Miga fue entonces considerada, ya que la ONG Manifesta es conocida en Manaos por promover los derechos de la población LGBTI en la esfera municipal y estatal, y por albergar a jóvenes de Manaos expulsados ​​de casa por su orientación sexual y su identidad de género.

“Con el apoyo de nuestros socios, ya habíamos alquilado el espacio. Y con un financiamiento colaborativo y donaciones puntuales, inauguramos la Casa Miga, donde ofrecemos los espacios a este grupo tan especial”, cuenta Gabriel Mota, fundador y presidente de la ONG.

A través de un proyecto financiado por la Unión Europea a través de su Instrumento de la UE en pro de la Estabilidad y la Paz (IcSP), ACNUR apoyó el montaje del albergue donando camas, colchones, ventiladores, una lavadora y un televisor. Entre sus objetivos, el IcSP pretende mejorar el ambiente de protección para los venezolanos en Brasil y contribuir a una convivencia más pacífica de esta población en las ciudades de acogida.

“Los flujos migratorios mixtos, como en el caso de Venezuela, incluyen diferentes perfiles que necesitan respuestas diferenciadas. Con el apoyo de la Unión Europea, ACNUR proporciona espacios seguros para personas con necesidades específicas, como es el caso de la Casa Miga”, afirma Sebastian Roa, jefe de la oficina del ACNUR en Manaos.

Adicionalmente, la ONG Manifesta movilizó voluntarios para apoyar a las solicitantes de asilo venezolanas en el montaje y presentación de sus currículos para empresas y cursos de capacitación profesional. También recibirán clases de portugués y serán remitidas a la atención médica cuando sea necesario.

En poco tiempo, las habitantes de la Casa Miga recibirán la visita de asistentes sociales de la Cáritas Arquidiocesana de Manaos, entidad socia del ACNUR que implementa en la ciudad el proyecto financiado por la Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea (ECHO), que tiene un componente de transferencia de renta para facilitar el acceso de las personas venezolanas a la vivienda. Con recursos para cubrir tres meses de gastos con alquiler, agua, luz y gas, las venezolanas podrán mudarse de la Casa Miga, dejando los espacios para otras personas solicitantes de asilo LGBTI.

Para la Asistente de Protección de la oficina del ACNUR en Manaos, Juliana Serra, las personas refugiadas LGBTI se enfrentan a una discriminación adicional debido a su orientación sexual o identidad de género y tienen dificultades más allá de las de los demás refugiados. “En este contexto, la Casa Miga surge como una respuesta del ACNUR para que las personas LGBTI puedan recomenzar sus vidas, entender el contexto del país donde están insertas y potenciar el ejercicio de sus derechos”, dice Juliana.

“Aquí nos sentimos como en casa. Tenemos nuestro espacio. Nos coordinamos para hacer las comidas y cumplimos reglas de convivencia, como dividir tareas para organizar la casa, no fumar y ni consumir bebidas alcohólicas o drogas ilícitas”, afirma Gabriela *. “Y estamos todas trabajando para mantener la mente ocupada y transferir algún dinero a la familia que se quedó en Venezuela”, concluye.

La emoción con el nuevo hogar, que garantiza a estas mujeres una protección diferenciada, es evidente. En todo momento, reafirman su disposición a seguir adelante. “Somos mujeres y somos de lucha”, dice una. “No tenemos miedo al trabajo”, resalta otra.

Con todos los documentos al día -incluso la solicitud de asilo, el carnet de trabajo y las vacunas- planean establecerse en Brasil y traer a los familiares que se quedaron en Venezuela. Entre ellas, hay dos madres, cuyos hijos quedaron bajo el cuidado de los abuelos. “Me gustaría volver a Venezuela sólo para visitar a mi familia. Allí está muy difícil, y aquí tenemos mejores perspectivas”, dijo Jheraldine, una de las solteras del grupo.

“Aunque salgan de la casa, siempre serán bienvenidas. Vamos a continuar dando apoyo y acompañando el desarrollo de cada una de ellas, ahora y después”, asegura el director de la ONG Manifesta.

Para él, el primer albergue para refugiados LGBTI tiene la importancia estratégica de fomentar la discusión sobre las vulnerabilidades en las políticas públicas de asilo en Brasil. “La orientación sexual o identidad de género de esas personas se vuelve un factor de vulnerabilidad, ya que muchos no reconocen y legitiman la existencia de estas personas como sujetos LGBTI”, afirma Gabriel Mota.

Se estima que 2,6 millones de venezolanos están viviendo fuera del país debido a una compleja situación política y socioeconómica. Son varias las razones que llevan a estas personas a dejar su país, entre ellas la inseguridad y la violencia, la reducción en los ingresos y la dificultad para obtener alimentos, medicinas y servicios esenciales.

Cerca del 70% de estos venezolanos están en países de Sudamérica, siendo Brasil uno de los destinos de quienes buscan protección y asistencia más allá de las fronteras de su país. Según datos del Gobierno Federal, más de 65 mil venezolanos ya solicitaron asilo en Brasil. Otros 19.000 solicitaron residencia temporal.

En Manaos, se han presentado más de 8.800 solicitudes por venezolanos desde el año 2017 hasta agosto de este año. Cerca de 600 personas están acogidas en albergues de la ciudad, al menos 180 llegaron a la ciudad por medio de la estrategia de reubicación.

(*) Nombres cambiados por razones de protección

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