Cinco cosas que no sabías de la mutilación genital femenina

No es suficiente reducir la mutilación genital femenina, hay que erradicarla | 6 de febrero, Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina

0
206
Mujeres de Somalia
UNFPA/Georgina Goodwin Practicante de la ablación femenina con su nieta de diez años en Somalilandia. La joven no ha sido mutilada aún porque se encuentra enferma.

En el Día Internacional de Tolerancia Cero con esta práctica, las Naciones Unidas llaman a acciones concretas para eliminarla y acabar con el dolor de decenas de millones de niñas alrededor del mundo que pasan por esa experiencia atroz y traumática, y que les deja consecuencias físicas y psicológicas para el resto de su vida.

Al menos 200 millones de niñas y mujeres han sufrido la mutilación de sus genitales, uno de los actos más inhumanos de violencia de género que se cometen en el mundo.

«La mutilación genital femenina es una violación abominable de los derechos humanos que afecta a mujeres y niñas en todo el mundo. Esta práctica supone una negación de su dignidad, pone en peligro su salud, causa dolor y sufrimientos innecesarios, y puede incluso provocar la muerte», ha dicho el Secretario General de la ONU en un comunicado oficial.

En el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, ONU-Mujeres, UNICEF y el Fondo de Población de la ONU, reafirmaron en un comunicado su compromiso de poner fin a esta violación de las garantías fundamentales para proteger a las decenas de millones de niñas que todavía corren el riesgo de ser mutiladas de aquí al 2030.

“Mary Oloiparuni tenía 13 años cuando la mutilaron. Una mañana, temprano, la sujetaron en el umbral de una puerta de su casa y le practicaron la ablación que le provocó una hemorragia abundante y un dolor insoportable. Las cicatrices de aquel día todavía le causan dolor 19 años más tarde; dar a luz a cada uno de sus cinco hijos ha resultado una experiencia atroz y traumática”, es una historia incluida en la declaración de las agencias para dar un ejemplo de lo que sufren las niñas.

La mutilación genital femenina no solo genera consecuencias físicas, sino psicológicas y sociales a largo plazo, sino que vulnera el derecho de las mujeres a la salud sexual y reproductiva, a la integridad física, a no sufrir discriminación y a no ser sometidas a tratos crueles o degradantes. También viola la ética médica y acarrea riesgos, independientemente de quien la lleve a cabo o de la limpieza del espacio donde se practique.

Además, aseguran las agencias de la ONU, dado que este acto es una forma de violencia basada en el género, no es posible hacerle frente al margen de otras, o de prácticas nocivas como el matrimonio infantil y forzado.

“Para poner fin a la mutilación genital femenina debemos de combatir las causas fundamentales de la desigualdad de género y trabajar en aras del empoderamiento social y económico de las mujeres”, asegura el comunicado.

Mujeres de Iraq
© UNICEF/UN09330/Mackenzie
Mujeres del poblado de Halajay Gawra, en el norte de Iraq. UNICEF trabaja en esa localidad para erradicar la mutilación genital femenina. Foto de archivo: UNICEF/UN09330/Mackenzie

Lo que hace falta para acabar con la mutilación genital femenina

UNICEF, UNFPA y ONU-Mujeres aseguran que se requieren nuevas políticas y leyes que protejan el derecho de las niñas y las mujeres a vivir sin sufrir violencia ni discriminación, y los Gobiernos de países donde la mutilación genital femenina sigue ocurriendo deben elaborar planes de acción nacionales para erradicarla. En estos planes debe incluirse financiación para servicios integrales de salud sexual y reproductiva, educación, asistencia social y jurídica.

También a nivel regional las instituciones y las comunidades deben unir fuerzas para evitar el desplazamiento transfronterizo de niñas y mujeres que se realiza para que sean mutiladas en países con leyes menos restrictivas al respecto.

Además, es preciso que los líderes religiosos derriben el mito de que la mutilación genital se sustenta en la religión.

“Dado que las presiones sociales suelen impulsar la práctica, hay que facilitar más información a las personas y familias acerca de los beneficios de abandonar la mutilación genital femenina”, aseguran las agencias.

En 2015, mandatarios de todo el mundo apoyaron masivamente la inclusión de la eliminación de la mutilación genital femenina como una de las metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y se trata de un objetivo factible, si se transforman los compromisos políticos en medidas tangibles.

“Los compromisos públicos deben acompañarse de estrategias integrales que cuestionen las normas sociales, que toleran la mutilación genital femenina. El testimonio de sobrevivientes como Mary también contribuye a que se conozca la cruda realidad de esta práctica y sus efectos prolongados en la vida de las mujeres. Las campañas de promoción y las redes sociales pueden difundir el mensaje de que poner fin a la mutilación genital femenina salva y mejora vidas”, explica la declaración.

Aunque la mutilación genital femenina está en declive gracias a la acción colectiva de los Gobiernos, la sociedad civil, las comunidades y las personas, esto no es suficiente, “se debe erradicar” por completo, concluyen las agencias de las Naciones Unidas.

«En este Día de Tolerancia Cero, hago un llamamiento en favor de la adopción de más medidas concertadas e integrales para poner fin a la mutilación genital femenina y asegurar el pleno respeto de los derechos humanos de todas las mujeres y las niñas»,  expresó António Guterres, haciéndose eco del llamado de las agencias.

Cinco cosas que no sabías de la mutilación genital femenina

1. Se da de muchas formas 

La mutilación genital femenina se refiere a cualquier procedimiento que involucre la remoción parcial o total de los genitales femeninos externos por razones no médicas.

Existen cuatro tipos: El tipo I, o clitodirectomía, implica la remoción parcial o total del clítoris; el tipo II, es la extirpación parcial o total del clítoris y de los labiones menores; el tipo II, o infibulación, es el estrechamiento del orificio vaginal mediante sutura, en donde los labios son cortados y recolocados, dejando solo una pequeña abertura para emisión de orina y descarga de la sangre menstrual, Más adelante en su vida, las mujeres infibuladas son «abiertas» durante su primera noche de matrimonio y/o antes del parto; el tipo IV es cualquier otro procedimiento dañino para los genitales feminos con fines no médicos, como la perforación, la incisión, o la cauterización.

Los tipos I y II son los más frecuentes, pero existe una variación dentro de los países y las comunidades. El tipo III (infibulación) es experimentado por aproximadamente el 10 por ciento de todas las mujeres afectadas.

2.  Viene de la desigualdad de género y ayuda a perpetuarla

En los lugares donde se practica, la mutilación es apoyada tanto por hombres como por mujeres, generalmente sin cuestionar.  Sin embargo, las razones por las que se realiza a menudo nacen de la desigualdad de género.

En algunas comunidades se lleva a cabo para controlar la sexualidad de las mujeres y las niñas. A veces es requisito previo apra el matrimonio y está estrechamente relacionado con el matrimonio infantil.

Otras comunidades la realizan por mitos sobre los genitales femeninos como por ejemplo, que el clítoris que no se corta crecerá hasta el tamaño de un pene, o que así aumentará la fertilidad. Otras personas ven los genitales femeninos externos como «sucios y feos».

3.  No es un problema lejano

La práctica es incluso anterior al surgimiento del cristianismo y el islamismo. Se dice que algunas momias egipcias muestran características de haber sido mutiladas. Historiadores como Herodoto aseguran que en el Siglo V AC, los fenicios los hititas y los etíopes ya hacían mutilaciones genitales.

Estos ritos también fueron adoptados en zonas tropicales de África, en Filipinas, por ciertas tribus en el Alto Amazonas, por mujeres de la tribu Arunta en Australia y por ciertos romanos y árabes. Además, en la década de 1950 se practicaba en Europa Occidental y en los Estados Unidos para tratar enfermedades como transtornos mentales y sexuales.

Hoy en día, la práctica se puede encontrar en comunidades de todo el mundo, y aunque a menudo se piensa que está relacionado con el Islam, no está respaldado por esta religión. De hecho, ninguna religión lo promueve o aprueba y muchos líderes lo han denunciado.

4. Nunca es segura

Sin importar dónde o por quién se realice, la mutilación genital femenina tiene serias implicaciones para la salud sexual y reproductiva de niñas y mujeres. 

Sus consecuencias varían según el tipo que se haya realizado, la experiencia del practicante y las condiciones en las que se realiza. Las complicaciones pueden incluir dolor severo, hemorragia, infección, retención de orina y más. En algunos casos,  son lo suficientemente graves como para causar la muerte.

Otros riesgos a largo plazo incluyen complicaciones durante el parto y consecuencias psicológicas.

La mutilación se realiza tradicionalmente por un mimebro designado de la comunidad, a veces utilizando herramientas rudimentarias como cuchillas de afeitar, a menudo sin anestesia ni antisépticos. Pero también puede ser realizado por médicos, que transmiten erróneamente el mensaje de que la práctica es positiva desde el punto de vista de la ciencia.

5. Puede ser abandonada

Para las familias puede ser difícil la mutilación de sus hijas, pero aquellos que rechazan la práctica a veces son condenados, y las niñas pueden ser consideradas inelegibles para el matrimonio.

Pero hay maneras de acabarla. El abandono colectivo, es decir cuando una comunidad entera decide no participar más, es una forma efectiva de terminar con la práctica y garantiza que ninguna niña se vea perjudicada por la decisión.

En 2008, el UNFPA y el UNICEF establecieron el Programa Conjunto sobre MGF, el mayor programa mundial para acelerar el abandono de la mutilación genital femenina y brindar atención a las niñas y mujeres que viven con sus consecuencias. Hasta la fecha, el programa ha ayudado a más de 3 millones de niñas y mujeres a recibir servicios de protección y atención relacionados con la mutilación genital femenina. Más de 30 millones de personas en más de 20,000 comunidades han hecho declaraciones públicas para abandonar la práctica.

Con el apoyo del UNFPA y otras agencias de la ONU, muchos países también han aprobado leyes que prohíben la MGF y han desarrollado políticas nacionales para lograr su abandono.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here