¿Democracia en crisis?

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Tijuana-BC | Jorge Sierra Ríos


La degradación de la democracia en el mundo entero es impresionante, cuando un país, al que se le adjudica el título de adalid en este tema ostenta porcentajes de bateo tan deficientes como los Estados Unidos, podemos imaginarnos como anda resto del mundo y sobre todo México.

Lo que planteo no es un asunto menor, toda vez que en esa nación se vota absolutamente para todo y por todo, veamos los números, el porcentaje mayor de participación electoral se da lógicamente en las presidenciales en las que suele votar menos de 60% del padrón electoral, en lo que se refiere a las elecciones locales, los números rondan el preocupante 20% de participación, pero donde la dimensión de la crisis toma tintes dramáticos es en lo que se refiere a la elección de jueces, alguaciles, directores de educación pública, funcionarios de las comisiones de agua donde los números andan en el 1% en lugares donde pueden haber cientos de miles de personas y a veces millones como el caso de Manhattan en Nueva York.

 Para entender a plenitud la profundidad del problema, debemos entender lo que verdaderamente está tras bambalinas en este teatro de poder, porque de otra manera nos quedamos con la impresión de que lo que genera todo esto es el desinterés ciudadano, que se manifiesta precisamente en su falta de participación en las urnas y cuyo diagnóstico simplista podría resumirse en una mezcla de apatía e indiferencia que por una razón u otra los mantiene al margen de su participación en el juego electoral.

 La realidad es mucho más dramática, porque evidentemente todo esto obedece a una lógica, a una estrategia bien planeada desde las élites de poder político y económico para mantener márgenes de participación ciudadana mínimos en las elecciones con la finalidad de evitar imprevistos y sorpresas y hacerlas a su vez más manejables.

Toda esta dialéctica no tendría sentido sin la definición de un objetivo claro, que no puede ser otro que el de mantener el statu quo que hace posible que los interesados en este juego mantengan privilegios y prebendas.

El verdadero poder del capitalismo trasnacional no esta en la posesión de los medios de producción, el verdadero poder de ese tipo de capitalismo está en la posesión de la conciencia de los políticos.

Solo de esta manera podemos explicarnos que sea posible que el 1% de la población mundial, o sea la élite económica y financiera del planeta, posea el 60% de la riqueza mundial en perjuicio del 99% restante y, van por más.

La inversión más grande que estos grupos de poder económico  hacen, tiene que ver con en el cabildeo en los congresos legislativos e instancias de gobiernos para mantener las condiciones políticas que hacen posible su paraíso, y lo que compran, son conciencias, las conciencias de la clase política que nos gobierna.

Por lo mismo es importante para ellos mantener la fuente de legitimidad bien aceitada, pero calibrada en los mínimos de participación.

Como ven, no depende de ellos, sino de nosotros.

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