Enrique Bordes, un precursor intelectual de la Revolución Mexicana en Tijuana

El autor José Gabriel Rivera Delgado es Presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística Correspondiente Tijuana, e integrante Sociedad de Historia de Tijuana, Seminario de Cultura Mexicana y Academia de Historia de México en Tijuana.

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Esta breve semblanza biográfica es un recuento de la vida, obra y trayectoria de uno de los personajes más interesantes de la historia de Tijuana y para fortuna de la ciudad, aquí descansan sus restos mortales.

Tuvo un sobresaliente papel en la historia de nuestro país y de una de las etapas más coyunturales del México del siglo XX: la Revolución Mexicana.

Don Enrique Bordes Mangel fue uno de sus actores protagónicos más importantes de los inicios de este proceso histórico y por ende, fue una figura preponderante de la vida política del país en las primeras tres décadas del siglo pasado.

Hablar de Enrique Bordes Mangel es hablar de uno de los más fieles vanguardistas de la democracia mexicana promovida en 1910 por Francisco I. Madero.

Por su trayectoria se sabe que siempre se caracterizó por ser un orador fogoso, encendido y agresivo que denunció siempre las injusticias sociales y fiel a sus convicciones estuvo en constante desacuerdo con las imposiciones que iban contra los principios revolucionarios como la reelección en el poder político.

Sin duda alguna, Enrique Bordes Mangel fue uno de los personajes más respetables de la Revolución Mexicana ya que fue unos de sus precursores al demostrar su elevada inspiración política participando activamente en los inicios del antireeleccionismo en la República Mexicana.

Se caracterizó por ser un hombre intelectual, menos de armas y más de ideas, de acción parlamentaria, de gran facilidad de palabra, además de bien preparado y muy combativo de fuerte carácter, que lo llevó a tener fuertes desacuerdos y desencuentros con diversas personalidades de la época, entre ellas con el mismo Madero, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.

Es muy oportuno aquí destacar la valentía, la decisión, el coraje, la firmeza y la visión de Enrique Bordes Mangel que en 1910 siendo apenas un joven de tan sólo 24 años intentó ideológicamente, transformar el México convulsionado de principios del siglo XX.

Bordes Mangel nació en Guanajuato, Guanajuato, el 9 de junio de 1886, siendo su padre de origen francés llamado Abraham Juan Bautista Bordes y Saffores y Adela Mangel du Mesnil García, de origen chileno. Casó con Enriqueta Cervantes con quien procreó a hijos: Rafael Enrique, Enriqueta Diana, Adela y Juan. A lo largo de sus fructíferos 49 años de edad tuvo una intensa actividad política y una álgida vida que lo llevó a vivir desde muy joven en diversas partes del país, pero siempre defendiendo sus principios ideológicos.

En los primeros años del siglo XX realizó estudios de Derecho así como en el Colegio Militar, donde no terminó para iniciar sus primeras actividades en contra del régimen porfirista, editando un periódico crítico al sistema en Torreón, Coahuila en 1908 llamado Juventud Liberal. En esta ciudad emprendió sus primeras manifestaciones antiporfiristas desde la bandera Reyista, apoyando la candidatura del general Bernardo Reyes en la vicepresidencia de la República y de Venustiano Carranza a la gubernatura de Coahuila en 1909.

Después, el 14 de julio de 1910, al lado de Cándido Aguilar, proclamó el Plan de San Ricardo, levantándose en armas en Atoyac, Veracruz, siendo así considerado también como uno de los precursores de la Revolución Mexicana.

Así fue que como antirreeleccionista tuvo una intensa actividad política en ese año de 1910. Participó como orador en las calle de la ciudad de México y fue redactor de artículos críticos en periódicos en contra del Porfirismo.  Por sus acciones mencionadas fue perseguido y encarcelado por el gobierno porfirista, lo que lo obligó a buscar refugio temporal en San Antonio, Texas. En esta población estadounidense, Madero encabezó el movimiento revolucionario con un grupo de hombres de sus mayores confianzas, entre ellos don Enrique Bordes, quien por cierto, desde entonces, les unió una gran amistad y respeto mutuo.

Esta relación con Madero, le permitió a Bordes Mangel junto con otros destacados intelectuales, periodistas y oradores como Roque Estrada, Federico González Garza y Juan Sánchez Azcona, a participar a solicitud expresa de Madero, en la redacción del Plan de San Luis Potosí, documento que sería el sustento político con el que se iniciaría la Revolución Mexicana el 20 de noviembre de 1910.

Entre octubre y noviembre de 1910 va a ser comisionado por Madero para que reparta, arriesgando su vida, el documento del Plan de San Luis a simpatizantes del movimiento en diversas ciudades de la República Mexicana.

Una vez triunfado el movimiento revolucionario en mayo de 1911, Bordes Mangel se desempeñó en diversos cargos públicos: jefe militar en Pachuca, Hidalgo,  en 1911, secretario en el gobierno del Distrito Federal en 1912, secretario general del Gobierno de Hidalgo en 1914, diputado al Congreso Federal (1912-1913), (1920-1922) y (1926-1927) y Embajador en Honduras y El Salvador (1922-1924).

Ante la campaña presidencial de Obregón en 1927 que violaba los principios maderistas de “Sufragio Efectivo, No Reelección” y siendo presidente fundador del Partido Nacional Antirreelecionista, se manifestó decididamente en contra de Obregón y apoyó la candidatura del Gral. Arnulfo R. Gómez, por lo que tuvo después de una revuelta que acabó con el asesinato del general Gómez y de su gente más cercana así como del otro candidato presidencial general Francisco Serrano, don Enrique, siendo diputado federal, tuvo que abandonar el país, refugiándose en Los Ángeles, California.

En el año de 1930 y después de residir tres años en la ciudad de Los Ángeles, Bordes Mangel volvió al país, únicamente cuando el presidente de la República, Pascual Ortiz Rubio, le ofreció las seguridades de respeto a su persona. Por circunstancias de frontera se instaló en Tijuana, donde inmediatamente cultivó la amistad, el reconocimiento y el respeto de antiguos moradores de nuestra frontera como Joaquín Aguilar Robles, Guillermo Caballero Sosa, Rubén D. Luna, Enrique Mérida y Ramón G. Pavón, entre otros.

Sus marcados antecedentes señalados anteriormente: calidad intelectual, trayectoria política, sus conocimientos sobre la Revolución Mexicana y sobre todo, su fogosa y conceptual oratoria, lo llevaron a ser partícipe desde su llegada de actos cívicos y culturales de la Tijuana de 1930 a 1935, siendo el “orador oficial” en los aniversarios de las Fiestas Patrias, Revolución Mexicana, Día del Trabajo y Batalla de Puebla así como el tema local de los Defensores de Baja California de 1911, por nombrar algunas, en lugares tan simbólicos de la ciudad como el Parque Teniente Guerrero, la Escuela Miguel F. Martínez y el Centro Mutualista de Zaragoza.

Lamentablemente después de sufrir una larga enfermedad relacionada con el estómago, falleció es esta ciudad de Tijuana, el día 3 de abril de 1935 y depositado sus restos el día 4 de abril, en la tumba hoy marcada con el número 3262, en el Panteón Municipal Número 1, de la Colonia Castillo y después de 84 años, es importantísimo rescatar, divulgar,  reconocer y revalorar a este personaje tanto regional como nacionalmente.

Sin duda aquí en Tijuana Enrique Bordes Mangel dejó una huella importante como periodista, funcionario y orador, pero nos heredó a los mexicanos esos principios libertarios y democráticos que a 84 años de su muerte y 108 del inicio de la Revolución Mexicana, todavía están pendientes por realizarse plenamente como él y muchos otros hombres y mujeres los proyectaron para un México mejor. De ahí la importancia no sólo de recordarlo, sino rescatarlo del olvido, redimensionar su figura y sus contribuciones a la historia nacional y dar a conocer su vida a las nuevas generaciones de tijuanenses y bajacalifornianos.

Sobre José Gabriel Rivera Delgado:

El autor es Presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística Correspondiente Tijuana, e integrante Sociedad de Historia de Tijuana, Seminario de Cultura Mexicana y Academia de Historia de México en Tijuana.

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