Ciudad de México | Lucía Lagunes Huerta-Cimac


Han pasado tres días del terremoto que nuevamente sacudió la Ciudad de México. En el predio de Bolívar y Chimalpopoca la muerte se va instalando. El día de ayer las esperanzas de encontrar con vida a dos trabajadoras se cortaron de tajo.

En medio de los escombros, el grito de “camilla” por unos breves minutos dio esperanza de encontrar a alguna de las trabajadoras de la fábrica “Línea Moda Joven” S.A de C.V con vida. Pero la esperanza se rompió de tajo cuando la camilla fue de color amarillo, pues de acuerdo con los paramédicos del lugar este es el color que identifica que la persona encontrada está sin vida. Eran las 19:45.

A las 20:30 horas dos siluetas humanas envueltas con telas blancas dejaron el lugar en donde trabajaron hasta que el edificio se les vino encima. La misma tela que en otro momento ellas utilizaron para confeccionar ropa, ayer las envolvió.

Ambos cuerpos se encontraron en el mismo lugar, ambas en vida se llamaban Irma. Eran amigas. Irma Sánchez Ramírez entró a trabajar antes que su tocaya de apellidos Chávez Martínez. Sánchez Ramírez le comentó del empleo y la animó a entrar a trabajar a “Línea Moda joven”. Estuvieron juntas tres años laborando de 8 de la mañana a cinco de la tarde.

La zozobra para estas familias terminó ayer. Irma Chávez Martínez será velada y sepultada en Hidalgo, su lugar de origen; mientras que Irma Sánchez Ramírez será velada en su domicilio, en esta ciudad.

Cuántas personas quedan entre los escombros, sigue siendo un enigma. Se sigue sin saber el número de personas que estaban dentro del inmueble el día 19 de septiembre. Hasta anoche solo quedaba una cuarta parte de la montaña de piedras que dejó el edificio de cuatro pisos que albergaba no sólo la fábrica textil, junto con la tienda de ropa, sino a las oficinas de “ABC Toys Company”, S.A. de C.V. y “Dashcam System”.

LOS OBSTÁCULOS

Sobre la calle de Fray Servando la fila de voluntarios que desean ingresar a limpiar escombros se extiende casi una cuadra, cientos de mujeres y hombres jóvenes deseosos de ayudar esperan impacientes para poder entrar; sin embargo, los retenes que se han colocado a la entrada de Bolivar se vuelven infranqueables.

Algunos llevan tres horas esperando. Según las explicaciones dadas por miembros de policía federal y policía capitalina entrarán por turnos, en cuanto a tiempo nadie sabe.

A las mujeres las quieren mandar a repartir comida o hacer el inventario de agua, pero las jóvenes se revelan: “nosotras también sabemos palear” dice una de ellas cuando en el segundo retén de la calle de Bolívar, frente al Restaurante Toks, sólo dejan entrar a los hombres.

“Ayer estuvimos aquí cargando botes con escombro, sólo nos fuimos a bañar y dormir un rato ¿por qué ahora no nos dejan entrar?”, interpela a Policía Federal que no tiene escrito su nombre en el uniforme. Su risa burlona provoca el enojo de las jóvenes que no dejan entrar.

Una hora después las jóvenes lo consiguen están dentro carretillas en mano sacando escombro.

LA OTRA REALIDAD

Lo que sí avanza es el rescate de los rollos de telas, de juguetes, de equipo de cómputo y drones. Ayer todo lo rescatado se empacó en bolsas negras para cargar camionetas. Este día ya no se vio a familiares de las empresas.

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