Nueva York | ONU


Más de 60 cascos azules fallecieron tras sufrir diversos ataques en el 2017, un año particularmente mortal para las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Sin embargo, lograron proteger y salvar muchas vidas, especialmente en la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Mali y Sudán del Sur.

“Protegemos a los civiles a diario. Salvamos vidas a diario. Muchas veces lo hacemos en condiciones muy difíciles y muy peligrosas”, dijo recientemente Jean-Pierre Lacroix, el jefe de las operaciones de mantenimiento de la paz de la Organización, en una entrevista con Noticias ONU.

Sin embargo, los cascos azules se enfrentan a muchos desafíos, uno de ellos, la necesidad de estar mejor equipados y mejor capacitados para que puedan operan en áreas complejas y peligrosas.

El jefe del departamento de apoyo a las actividades sobre el terreno (DFS por sus siglas en inglés), Atul Khare, indicó que la ONU busca comprar o pedir prestado más equipo para reforzar la seguridad, tener vehículos y alojamientos más protegidos, así como mejores herramientas de comunicación.

En Mali, uno de cada cuatro hospitales militares no tiene personal ni equipo, explicó, y la situación en la República Centroafricana está aún peor.

Otro reto es trabajar más de cerca con las comunidades, algo que a veces habilidades lingüísticas no permiten. En ciertas áreas, por ejemplo, se necesitan más cascos azules que hablen francés.

Tolerancia cero por la explotación y los abusos sexuales

Uno de los mayores desafíos ha sido gestionar las acusaciones de explotación sexual y abusos dirigidas a las fuerzas de mantenimiento de la paz. Durante 2017 se recibieron 54 acusaciones, mientras se registraron 103 el año anterior.

Como nuevo titular de la ONU, Antonio Guterres lanzó una estrategia conforme con la política de “tolerancia cero” para acabar con esta lacra y nombró a la primera defensora de los derechos de las víctimas, Jane Connors.

“Se trata de la dignidad de las víctimas”, dijo la defensora en una visita a Sudán del Sur, pero también de que “su dolor sea reconocido, y hacemos todo lo posible para mejorar su situación”.

La nueva estrategia busca también presionar a los países para que investiguen y juzguen a los responsables. A la fecha, 17 países han contribuido con 1,8 millones de dólares para un fondo de ayuda a las víctimas que les permitirá recibir asistencia médica, psicosocial, legal o socioeconómica.

Ahora, “necesitamos hacer más para implementar la estrategia en su totalidad y debe haber una concienciación a todos los niveles”, aseveró Lacroix.

Proteger también al medio ambiente

Los cascos azules tratan también de preservar el entorno en que operan.

La regla del “Do no harm” “(No hacer daño”) significa también cuidar los recursos naturales de los cuales dependen las comunidades, tales como el agua, la tierra, los bienes culturales, indicó Atul Khare.

En el 2017 todas las operaciones de mantenimiento de la paz lanzaron planes de acción ambiental, que han permitido instalar 80 plantas de tratamiento de aguas residuales.

Si este año se lanzaron muchas reformas, “el 2018 será el año para que se implementen”, en particular en el terreno, afirmó Lacroix.

Una opinión compartida con Atul Khare, quién dijo que el objetivo es “asegurar que seamos más fuertes en prevención, más ágiles en la mediación y más flexibles, eficientes y rentables en nuestras operaciones.”

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