Nueva York | ONU |


Numerosos indicadores sociales y económicos dibujan a Latinoamérica como una región con millones de pobres, una enorme desigualdad económica, muchas de las ciudades más violentas del mundo y  elevados niveles de corrupción. En un contexto desfavorable, ¿qué hace que los latinoamericanos sean felices?

El último Informe Mundial de la Felicidad señala que los latinoamericanos tienen niveles de felicidad altos, en comparación con otros países del mundo y de lo que el nivel de ingresos podría predecir.

No es una contradicción. “La felicidad de los latinoamericanos disminuye por los numerosos problemas sociales y económicos y podría aumentar si se abordaran adecuadamente esos problemas”, escribe Mariano Rojas, autor del capítulo dedicado a esta región. “Pero sería un gran error asumir que esos problemas sobrepasan las vidas diarias de los latinoamericanos”.

Clasificación de los países latinoamericanos

  1. Costa Rica en la posición 13
  2. México (24)
  3. Chile (25)
  4. Panamá (27)
  5. Brasil (28)
  6. Argentina (29)
  7. Guatemala (30)
  8. Uruguay (31)
  9. Colombia (37)
  10. El Salvador (40)
  11. Nicaragua (41)
  12. Ecuador (48)
  13. Bolivia (62)
  14. Paraguay (64)
  15. Perú (65)
  16. Honduras (72)
  17. República Dominicana (83)
  18. Venezuela (102)
  19. Haití (148)

* El informe no recoge datos sobre Cuba.

Relaciones familiares

¿Cuál es el secreto? “La abundancia y la calidad de relaciones cercanas, cálidas y genuinas”, asegura el autor.

Es decir, no es que los latinoamericanos no sufran por los problemas, sino que tienen quien les apoye para superarlos.

La familia, tanto la cercana como la extendida, es una institución central en la cultura latinoamericana, una fuente de afecto y uno de los propósitos vitales.

Los hijos se quedan en casa de los padres hasta que son adultos y los ancianos vuelven al hogar de sus hijos cuando necesitan cuidados. Eso implica una abundancia de relaciones de apoyo.

La familia es una institución central en la cultural latinoamericana

El caso latinoamericano no ignora la importancia de los ingresos, pero demuestra que en la vida hay factores más importantes que cuánto dinero se gana.

“El discurso del desarrollo no debe confundir a las personas con consumidores y el bienestar con la capacidad adquisitiva”, señala Rojas.

Las relaciones sociales de los latinoamericanos son muy diferentes a las de otras regiones en el mundo, como Europa y los países anglosajones. Los latinoamericanos dan importancia a nutrir sus relaciones personales, le dedican tiempo, y esto tiene un impacto positivo en la satisfacción familiar y en la felicidad. La satisfacción con la familia es muy alta y se extiende a los amigos, vecinos y colegas.

Además, las relaciones no se entablan con un fin, sino por el simple hecho de crear lazos familiares fuertes y relaciones cercanas y placenteras. El propósito de la relación es la relación en sí misma.

En la cultura latinoamericana la vida gira en torno a la familia y se valora y se anima a sentir y expresar emociones.

“Se podría decir que la cultura latinoamericana está orientada hacia las relaciones humanas. Esa característica juega un papel central en explicar la felicidad”, señala el autor.

Clasificación de felicidad

El informe evalúa por cada país seis variables clave que están relacionadas con el bienestar: ingresos, libertad, confianza, esperanza de vida saludable, apoyo social y generosidad.

Teniendo en cuenta todos estos factores, Finlandia es el país más feliz del mundo. Sustituye a Noruega, que ganó el año pasado y esta vez quedó segundo. Después están Dinamarca, Islandia y Suiza.

Ciudadanos felices, inmigrantes felices

En esta edición de la clasificación, la Red de Soluciones para un Desarrollo Sostenible mide también la felicidad de los inmigrantes en cada país.

En esta categoría, México logra llegar al puesto número 10, situándose el primero de la región y superando por cinco posiciones a Estados Unidos. Después viene Costa Rica en el puesto número 18 y Chile en el 24.

“El hallazgo más impactante del informe es la notable consistencia entre la felicidad de los inmigrantes y quienes nacieron en el país”, explican los autores.

La valoración que hacen los inmigrantes de sus vidas converge con la de los ciudadanos en sus nuevos países.

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